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La Jefatura Superior de Sanidad dispone entre sus competencias, como es obvio, la de establecer un racionamiento adecuado con el que garantizar el sustento de los heridos convalecientes en los hospitales. Tarea ardua si tenemos en cuenta las dificultades de abastecimiento por las que pasa el territorio dado, por un lado, la situación bélica existente; y por otro el bloqueo naval ejercido por la flota sublevada en el Cantábrico.
Situaciones ambas que no permiten una fluida afluencia de víveres para avituallar tanto al Ejército como a la población civil, aumentada debido a la presencia de refugiados huidos de sus lugares de residencia bien por encontrarse cerca del frente, bien por haber sido ocupadas por el enemigo.


Esta situación provoca que las raciones aportadas para los centros hospitalarios y la variedad en la dieta se vean afectadas. Esto se traduce en una menor cantidad por cada miliciano convaleciente y en la monotonía en los menús.
Esta circunstancia provoca entre los pacientes quejas y reclamaciones, en ocasiones airadas. En este sentido recogemos dos casos que van en esta línea, en dos hospitales de la red implantada por el Gobierno de Euzkadi durante la contienda. Se trata del hospital Gandarias de Portugalete (Bizkaia) y el hospital Arriluze en Getxo (Bizkaia).
El 23 de marzo de 1937 la Jefatura de Sanidad Militar envía a un inspector al Hospital de Sangre de Gandarias para recoger de primera mano las reclamaciones de los milicianos heridos. El citado inspector se entrevista con 6 de ellos. A excepción de uno de los consultados los demás aportan quejas acerca del régimen alimenticio del hospital. De todas formas un segundo de los encuestados apunta: Además estamos en guerra, y nada puede pedirse (AHE/EAH. Sanidad Militar, L 529, Nº 06).

Palacio Gandarias en Portugalete (Bizkaia) (Fotografía en https://www.pinterest.es/)


Las quejas interpuestas giran sobre todo en torno a tres pilares:


El pan. Los residentes en el hospital prefieren se les de la ración que les corresponde entera en lugar de proporcionarles un pedazo en cada comida. Añaden a esto la escasa ración de este producto básico. De hecho, de los 625 gramos asignados a cada comensal en el cuadro de raciones asignadas a los hospitales, en estas fechas solamente reciben 300 gramos. Ángel Conde Pelayo, administrador del hospital, lo justifica aludiendo a las circunstancias bélicas:
En cuanto al pan, se les dá (sic) la cantidad de 300 gramos diarios, distribuidos en tres veces, para las tres comidas, siendo esto mucho mejor, pues nunca les falta el pan en la mesa. El pan, si lo estiman excaso (sic), tampoco es culpa nuestra. Nos limitamos al racionamiento, que ojalá seria mayor para poder complacer a todos, pero estamos en guerra y las circunstancias se imponen (AHE/EAH. Sanidad Militar, L 529, Nº 06)).


Monotonía alimentaria. En resumen se trata de la poca variedad en las comidas: Declara que la comida es bastante monótona, pues lleva una gran temporada a base de pescadilla y eso llega a cansar (AHE/EAH. Sanidad Militar, L 529, Nº 06)). Otro ejemplo: Refiere la rigurosidad de las comidas, que casi nunca varían (AHE/EAH. Sanidad Militar, L 529, Nº 06).

Una vez más el administrador del centro se reitera en la escasez de ciertos alimentos, como por ejemplo la carne, se dispone en cambio de enormes cantidades de pescadilla al ser temporada de la misma. Y se procura variar con régimen de huevos, ya que carecemos de carne (AHE/EAH. Sanidad Militar, L 529, Nº 06).


Comidas mal condimentadas/cocinadas. Sopas saladas, garbanzos duros, raciones parcas… Al cocido, le faltan las sustancias necesarias, tocino, carne, etc… (AHE/EAH. Sanidad Militar, L 529, Nº 06). Se afirma que en una ocasión se les proporciona carne de burro en mal estado. Una vez más la administración alega la falta de servicio de ciertos alimentos por parte de Intendencia. Asegura que el caso de los garbanzos duros sólo se ha producido en dos ocasiones debido al despiste de la cocinera.

Cuadro de menús elaborado por la Jefatura de Sanidad Militar de Euzkadi para los hospitales ( De Untzeta, Fernando (Dir), La Sanidad Militar en Euzkadi, Bilbao, 1937)


El caso del hospital de Arriluze es diferente. El hecho tiene lugar el 21 de marzo de 1937. Un grupo de 15 milicianos (estimación del doctor Reparaz) se muestra airado e indignado, con lo que suponen, trato preferente dispensado al padre Trinitario encargado de decir misa en la capilla de la que dispone el hospital. Situado en el palacio del mismo nombre. Según parece resulta habitual que el religioso desayuna en las dependencias del hospital tras haber celebrado el oficio religioso. No obstante el día de autos los milicianos fueron testigos de los alimentos servidos al padre y armaron gran algarabía. Puesto que faltando para ellos chocolate, mantequilla y tostadas hubiera para el sacerdote, cosa con la que ellos no estaban conformes y así lo expresaron al mismo directamente (AHE/EAH. M-213/1-8).
En palabras de una de las trabajadoras del hospital y de su director el doctor Reparaz los milicianos trataron de impedir que el sacerdote tomase el desayuno y subió tanto de tono la protesta que se vio obligado a reclamar la presencia de agentes de Orden Público. Interrogada la trabajadora por el inspector de Sanidad, ésta asegura: …al igual que cualquier otro empleado que presta un servicio al hospital y se le puede hacer un favor desayunaba en el mismo. Una taza de café con leche, un poco de pan, no habiendo tomado jamás chocolate (AHE/EAH. M-213/1-8).
Las aguas vuelven a su cauce gracias a la intervención de José Ramón Reparaz. Convence a los exaltados para que depongan su actitud y cursen quejas y descontentos por los cauces administrativos habituales para tal efecto. Ante esta actitud mía se amoldaron, y celebraron una reunión, acordando crear un comité que desde dicha fecha viene funcionando en el hospital, con merma de la autoridad de todos (AHE/EAH. M-213/1-8).
Su consejo no cae en saco roto, aunque el remedio resulta ser un arma de doble filo para los intereses del facultativo.

Fuentes

Archivo Histórico de Euskadi/ Euskadiko Artxiboa Historikoa (AHE/EAH).


De Untzeta, Fernando (Dir), La Sanidad Militar en Euzkadi, Bilbao, 1937.

Sergio Balchada