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El pasado mes de diciembre dedicábamos un artículo a la figura del alfaqueque (https://elgajedeloficio.wordpress.com/2020/12/02/la-figura-del-alfaqueque-en-la-extrema-durii-medieval-hispanica/). La alfaquequería es toda una institución en a frontera peninsular medieval cristiano-musulmana, se ocupa de las negociaciones para la liberación de cautivos en territorio nazarí.


En el presente artículo no vamos a abandonar esta frontera para presentar a otra institución que nace, precisamente, a la sombra de los límites de los reinos de Castilla y de Granada. En ese impreciso pedazo de territorio propicio para, según se dice en la Edad Media, correr la tierra del vecino en incursiones de saqueo. Nos referimos a los fieles del rastro o ballesteros del monte (así conocidos en Murcia) al servicio de los alcaldes de la frontera y por encima de éstos del alcalde mayor de la frontera. Aquellos cuya magistratura se encarga de dirimir las querellas que puedan surgir en la convivencia entre musulmanes y cristianos. El cometido de estos rastreadores es seguir los rastros de los almogávares de tierra de moros que entran a fazer mal e daño a los nuestros regnos (Ruiz, 2020).


Para formar parte de los fieles del rastro estos hombres deben cumplir una serie de características concretas: Juventud, fuerza, resistencia y un gran conocimiento del terreno, de sus pasos, bosques y ríos (Ruiz, 2020). Son una institución cerrada y juramentada y que además está exenta del pago de ciertos impuestos. Dependen del poder concejil y por lo normal cada concejo tiene a sus propios fieles del rastro ( Melo y Vidal, 2018). Las primeras noticias que disponemos de dicha institución corresponden al siglo XIV.

Reino de Granada (Imagen en https://www.pinterest.co.uk/pin/249527635581366664/)

Su cometido da comienzo cuando se producen daños a personas o a sus bienes con motivo de una algara y sus servicios son reclamados tras la pertinente denuncia del hecho. Una vez llegados al lugar donde ha sucedido el delito siguen el rastro dejado por los perpetradores hasta los límites del siguiente concejo, momento en el cual deben pasarles el rastro a sus homónimos del tal concejo para que continúen ellos con la persecución si el rastro continúa. A su vez los nuevos responsables del rastro harán lo propio con los fieles locales si la pista los conduce a la jurisdicción de otro concejo anexo. Se produce de este modo una suerte de cadena que llega a su fin cuando los malhechores son capturados. En caso de que el rastro de los malhechores se pierda en un determinado concejo el juez puede reclamar a los vecinos del lugar daños y perjuicios, salvo que estos puedan probar que el rastro continúa fuera de los límites del concejo.


En muchas ocasiones los responsables de la razzia en territorio cristiano cambiaban las herraduras de hierro de sus caballos por otras de esparto. De este modo consiguen amortiguar el ruido producido por los caballos pero al mismo tiempo las nuevas herraduras dejan sobre el terreno unas huellas características que las distinguen de otras y por lo tanto son fácilmente distinguibles y sencillas de seguir. Además las nuevas herraduras se desprenden con suma facilidad dejando todavía más indicios de su paso (Torres, 1961).


En ocasiones el cambio de herrajes se realiza en pueblos del lado castellano de la frontera debido en buena medida a las colonias mudéjares que pueblan la frontera y que sirven a modo de enlace o incluso amparo de las partidas de los caballeros granadinos en sus incursiones. Así en 1420 en Férez, en el adelantamiento de Murcia, una partida de fieles del rastro descubren como en la población se ha vuelto a herrar a las cabalgaduras con herraduras de hierro. Por supuesto la colaboración con los granadinos tiene su castigo.
La extensión de la frontera, sumado a los abrupto del terreno en algunas zonas y el despoblamiento propician que las algaras granadinas pasen inadvertidas. Sobre todo si entre las filas de los saqueadores se encuentran cristianos renegados, buenos conocedores del terreno (Torres, 1961).


Los fieles de rastro obtienen un carácter oficial en 1383 merced a Juan I. Su labor como policía de frontera será valorada en un territorio como el fronterizo donde la violencia está al orden del día.

Fuentes

  • Melo, Diego y Vidal Castro, Francisco, Rescate de cautivos cristianos en las treguas entre Castilla y el emirato nazarí de Granada (Siglos XIII-XV): Una propuesta de análisis, Imago Temporis. Medium Aevum, Nº 12, 2018.
  • Ruiz Andrada, Pedro José, Identidad, intercambios y transculturalidad en la frontera cristiano-musulmana del sureste ibérico (Siglos XIV-XV), Trabajo Fin de Máster, Universidad de Alicante, 2020.
  • Seco de Lucena Paredes, Luis, El juez de frontera y los fieles del rastro, Miscelánea de estudios árabes y hebraicos. Sección Árabe-Islam, nº 7, 1958.
  • Serrano del Toro, Andrés, Los adalides lorquinos en el siglo XIV, La Alberca, nº 15, 2017.
  • Torres Fontes, Juan, Notas sobre los fieles del rastro y alfaqueques murcianos, Miscelánea de estudios árabes y hebraicos. Sección Árabe-Islam, nº10, 1961.

Sergio Balchada