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La noche del 29 de julio de 1936 Ángel Pérez de Enériz es interceptado por una partida de milicianos en las inmediaciones de la posición del monte Erlaitz: Este requeté fue detenido como se dice cerca del puesto de Erlaiz, vistiendo un traje de soldado del Regimiento América 14 y disfrazado de paisano con un impermeable y pantalón mahón cubriendo dicho traje (AHE/EAH, Irargi, Rollo 126, P. S. Bilbao, 0118_034).


Como resulta obvio los milicianos desconfían de él, consideran que pueda tratarse de un espía y por ello lo conducen a las dependencias del Frente Popular de Irún para que se proceda a su interrogatorio. El sondeo al que Ángel es sometido desvela datos interesantes sobre su breve periplo en la guerra junto a los sublevados. Informaciones sobre el movimiento y composición de la columna que integra, así como también las poblaciones y posiciones que ocupa.

Sello Frente Popular de Irún (AHE/EAH)


El domingo día 20 de julio Ángel recala en Pamplona junto a otros vecinos de su pueblo, el cual no se especifica en la declaración, donde se alista en el requeté: influido por el ambiente, más que por convicción, (…) jamás perteneció a partido político alguno (AHE/EAH, Irargi, Rollo 126, P. S. Bilbao, 0118_034).


Desconocemos si son ciertas las palabras del prisionero, quizás la afirmación vaya encaminada a evitar posibles represalias vinculadas a su posible militancia en el Partido Tradicionalista o en algún otro de derechas. Lo que si es cierto que la atmósfera que aquellos primeros días se respira en la capital navarra es de euforia absoluta tras el triunfo del golpe de estado en la ciudad en en todo el territorio navarro. La afluencia de voluntarios desde los pueblos es masiva. Envueltos en la euforia propia por iniciar al fin la sublevación y con la idea en la mente de una pronta victoria.
Al día siguiente los voluntarios son encuadrados en columnas para enseguida partir hacia Gipuzkoa con el propósito de llegar a Donostia e Irún y cerrar para los partidarios gubernamentales la frontera francesa.
Ángel es encuadrado con alrededor de 170 hombres en la columna comandada por el coronel Cabello (sustituido el 21 por el coronel Alfonso Beorlegui), sus fuerzas se concentran en la frontera entre ambas provincias, en concreto en la población navarra de Bera de Bidasoa (Navarra). No obstante Ángel y sus camaradas de armas se instalan en Sunbilla (Navarra) el mismo día 21. El martes 22 llevan a cabo tareas de descubierta en la zona de Endarlatsa para comprobar que el puente sigue intacto. No es así. Fuerzas milicianas procedentes de Irún ya lo han volado puesto que se trata de una vía directa para alcanzar la citada población.

Concentración de requetés en la plaza del Castillo de Pamplona (https://www.naiz.eus/)


…llegando hasta las inmediaciones de Edarlaza (término de Yrún) no pudiendo pasar, para volver a Sumbilla por el puente que ellos creían encontrar en Endarlaza, por haber sido volado el mismo por las fuerzas leales de Yrún; no obstante pudieron hacer el paso por otro puentecito que la eléctrica Yrún Endara tiene tendido 500 metros más allá de este puente de Endarlaza, para fines propios (AHE/EAH, Irargi, Rollo 126, P. S. Bilbao, 0118_034).


Esta inconveniencia impulsa a Beorlegui a tomar otro itinerario. Resuelve entonces rodear las Peñas de Aia a través del paso de Arritxulegi para caer sobre la villa de Oiartzun (Gupuzkoa) al día siguiente (Jiménez de Aberasturi, J.C.; Luis Mª, 2003).Oiartzun es defendida por una variopinta fuerza compuesta de 250 guardias civiles, 70 carabineros y un número indeterminado de milicianos (Barruso, 1996). Los combates se suceden en el barrio de Alcibar que finalmente es ocupado por las fuerzas navarras haciéndose fuertes en el caserío Goicoecehea, aún así el escaso número de efectivos con los que cuenta y unas largas y débiles líneas de suministro le pasan factura y resultan cercados. Para mayor complicación se ven aislados de su vía de avituallamiento. Es quizás este el motivo por el que Ángel Pérez apunta en su exposición lo siguiente:


La alimentación no es suministrada desde base alguna si no que se autoriza a los facciosos al saqueo d ellos caseríos en que pernoctan. En cambio las municiones son conducidas por medio de mulos desde Lesaca (AHE/EAH, Irargi, Rollo 126, P. S. Bilbao, 0118_034).


Esta complicada situación en la que se hallan el coronel Beorlegui y sus hombres se dilata hasta el 26 cuando son auxiliados por la columna comandada por el coronel Joaquín Ortiz de Zarate (Barruso, 1996). Esta columna está compuesta por la siguientes fuerzas: Las compañías Gil de Arévalo, Ferriz y Morlán (Escopeteros de Lacar) del Tercio de Lacara; una compañía del Regimiento América; una sección de Ametralladoras y otra de Morteros. Además de algunas piezas artilleras (Barruso, 1996), Ángel Pérez informa que son 4 piezas artilleras. El prisionero también alude a la presencia de 30 números de la Guardia Civil. Los interrogadores apuntan que pueda tratarse de los que en Alcíbar se dejaron copar (AHE/EAH, Irargi, Rollo 126, P. S. Bilbao, 0118_034). Leales geográficos que a la mínima oportunidad han hecho uso de esta estratagema para pasarse a sus correligionarios. Los refuerzos recibidos permiten ocupar completamente Oiartzun.

Milicianos en el frente de Gipuzkoa (Fototeka Kutxa)


Además os servicios de Sanidad Militar se han instalado de forma provisional en Oiartzun tras avanzar las fuerzas hasta Errenteria. Dichos servicios posiblemente atienden en una primera cura y en la clasificación de los heridos, para posteriormente ser trasladados a Lesaka (Navarra) (Larraz-Sierra-Sesúmaga, 2011).


La moral de las tropas que avanzan hacia Donostia es desigual. La resistencia encontrada contradice las arengas de la oficialidad que apuntaban a la facilidad con la que llegarían a la capital gipuzkoatarra. Las dudas presentadas por las unidades del Ejército ante este hecho contrasta con el fanatismo sin límites (AHE/EAH, Irargi, Rollo 126, P. S. Bilbao, 0118_034) de los requetés.


Y esta parece ser la intención de Ángel Pérez de Enériz cuando la noche del 29 al 30 de julio abandona las posiciones de los sublevados y aparece en las republicanas del monte Erlaitz.
Este requeté dice que se quiso desertar inmediatamente pero le faltó ocasión hasta la noche de ayer en que apostados en la casa de un cura, cerca del convento de monjas, su partida compuesta de 25 hombres, fue dispersa por nuestro fuego de cañón y fusilería (AHE/EAH, Irargi, Rollo 126, P. S. Bilbao, 0118_034).


El convento referido es el convento de las Agustinas, del siglo XVI, sito en el barrio de Errentería del mismo nombre, ocupado por las fuerzas navarras entre el 26 y 27 de julio. Tal vez para ganarse la confianza de los milicianos el prisionero en el discurso del capturado deja traslucirse lo siguiente: Dice que en dicha casa (la del cura) recibieron toda clase de atenciones lo que hace sospechar que este cura no simpatiza con las fuerzas del Frente Popular (AHE/EAH, Irargi, Rollo 126, P. S. Bilbao, 0118_034).


Asimismo el registro del prisionero-evadido no halla nada de particular que pudiera contradecir su relato y relacionarlo con alguna de las organizaciones políticas colaboradoras con los golpistas, en su haber se hallan 72 pesetas y nada más reseñable. Sin otra cosa interesante terminó esta declaración en Yrún a 30 de julio de 1936 (AHE/EAH, Irargi, Rollo 126, P. S. Bilbao, 0118_034).


Desconocemos la suerte final corrida por Ángel Pérez de Enériz. Quizás su historia convence a sus captores enrolándose con posterioridad en las milicias gubernamentales para combatir a sus antiguos compañeros. Pudiera acontecer todo lo contrario y verse privado de libertad y encerrado. Acaso posteriores indagaciones puedan arrojar luz al respecto.

Fuentes y Bibliografía

Archivo Histórico de Euskadi (AHE/EAH).

Barruso Barés, Pedro. Verano y Revolución. La Guerra Civil en Guipúzcoa. Donostia, 1996.

Jiménez de Aberasturi Corta, Luis Mª. Crónica de la Guerra en el Norte (1936-1937). San Sebastián, 2003.

Larraz Andía, Pablo; Sierra-Sesúmaga, Victor. Requetés. De las Trincheras al Olvido. Madrid, 2011.

Martínez Bande, José Manuel. Nueve meses de guerra en el norte. En Monografías de la guerra de España, nº4. Madrid, 1980.

Sergio Balchada