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El prematuro fallecimiento del arzobispo Álvaro Núñez de Isorna en 1449 dejó vacante la silla mitral de mayor importancia para Galicia: Santiago de Compostela. Una jugosa dignidad codiciada por muchos pretendientes.

Sin embargo la baza ganadora se juega lejos. Y se hace en la corte donde el aún poderoso Condestable de Castilla don Álvaro de Luna consigue para su joven sobrino Rodrigo; que por aquel entonces ejerce de Capellán Mayor de su majestad Juan II, el nombramiento de administrador apostólico de la Mitra. Debido a que todavía no ha cumplido los 27 años, y como es norma, le está vetado investirse arzobispo compostelano. No obstante el Condestable acaba de asegurar el futuro del hijo de su primo Juan de Luna.

Cuando al fin Rodrigo de Luna toma posesión de la dignidad tanto tiempo anhelada descubre con enojo que el señorío de Compostela ha conocido tiempos mejores. Los caballeros que le deben vasallaje se han dedicado a tomar tierras y villas por la fuerza y a ejercer sobre ellas su señorío. A pesar de ello confirma a muchos de ellos los títulos y prebendas que vienen detentando. Entre estos confirma como Pertegueiro de Santiago a Ruy Sánchez de Moscoso, señor de Altamira. Cabeza de uno de los linajes más fuertes de la Tierra de Santiago.

Escudo de Aramas de los Moscoso de Altamira (en http://www.xenealoxiasdoortegal.net)

El arzobispo no obstante permanece intranquilo. Las licencias de los caballeros le exasperan y quiere recuperar lo que por ley le pertenece. Por ello un año después de ocupar el cargo eleva sus quejas al rey dando buena cuenta de los nobles apellidos que le han usurpado tierras y jurisdicciones. Y ni siquiera han acudido a rendirle el preceptivo pleito-homenaje.

El monarca atiende a las denuncias de su antiguo capellán y envía una cédula instando a la nobleza a presentarse ante el prelado para cumplir con sus obligaciones como vasallos, además de a devolver con premura las rentas y heredades usurpadas.
Las palabras del rey caen en saco roto puesto que el arzobispo endurece su postura contra algunos de los nobles problemáticos. En lo que respecta a los Moscoso la relación continua tensa. Son habituales los roces y tiranteces entre ambos. Cuando en 1456 fallece Ruy Sánchez es su hijo Rodrigo de Moscoso quien ocupa la cabeza del linaje. Tal vez para atraerlo a su causa el de Luna lo mantiene como Pertegueiro de Santiago y como colofón a los intentos de domesticar al Moscoso enlaza al primogénito de éste, Bernal Yáñez de Moscoso, con su hermana Juana de Luna. Ni estos tejemanejes pueden evitar que el poder de la Mitra se vea socavado una y otra vez.

Rodrigo de Luna enfrentado a toda su nobleza se ve cada vez más arrinconado. Cuenta como único aliado al conde de Lemos y el apoyo de la corte, aunque ésta se encuentra demasiado alejada de Galicia como para que suponga un freno para los notables locales. Don Rodrigo de Luna se ve en la tesitura de dar un golpe sobre el tablero con una acción punitiva que ponga a cada uno en su sitio. Quizás fija sus ojos en la villa de Corcubión (actual provincia de A Coruña). Una población que vive de los frutos que obtiene del mar y de un incipiente comercio con Portugal y algunos puntos del norte peninsular cantábrico. En 1430 los señores de Altamira la han colocado como cabeza jurisdiccional de la comarca y han erigido un pazo en ella donde se focaliza toda la justicia señorial.

Pazo de los Altamira (en http://www.corcubion.gal)

El arzobispo embarca en Noia (localidad bajo su poder) a la soldadesca en 15 naves que enseguida zarpan caída la noche en expedición de castigo contra Corcubión. Es julio de 1457. Al frente de la tropa se encuentran los caballeros García de Caamaño El Viejo y su hermano Martín Becerra.
Saben de la ausencia en el lugar del señor de Altamira. La faena se espera sin demasiadas complicaciones. La villa apenas cuenta con hombres de armas capitaneados por Álvaro Gómez de Riobóo y Juana de Castro y Guzmán, esposa de Rodrigo de Moscoso.

El banderizo de los Moscoso no se queda de brazos cruzados organiza la defensa de la plaza. Para ello moviliza a los vecinos para presentar resistencia. La hueste arzobispal desembarca en la playa y dan comienzo tres jornadas de lucha y saqueo. Se combate en las calles y a tenor de las posteriores denuncias de los señores de Altamira, debieron perder la vida muchos de sus criados y vasallos en el transcurso de los mismos. A buen seguro uno de los puntos de mayor resistencia debió ser el pazo señorial que por entonces cuenta con dos torres defensivas.
Sea como fuere los atacantes logran quebrar la resistencia y se precipitan a su interior:
Robaron cuanto fallaron, asy dineros como oro e plata e ropa de cama e axuares de casa asy lo que fallaron en la posada de dona Juana como e todas otras casas…
Doña Juana fue amenazada e insultada mientras todavía se combatía en las calles y muchas de las viviendas eran pasto de las llamas.

Contra todo pronóstico los invasores fueron rechazados y expulsados nuevamente al mar. El artífice de la victoria no tiene ocasión de disfrutarla. Álvaro Gómez de Riobóo ha muerto en el transcurso de las acciones bélicas. Esto no es óbice para que su familia reciba generosas recompensas de sus señores en compensación a la lealtad mostrada.

La torre de Altamira era cabeza de los Estados de los Moscoso (en http://www.turismo.gal)

Rodrigo de Moscoso no dejaría pasar esta afrenta y pronto se enzarazará con la Mitra en pleitos y querellas Aquejado de dano de San Lázaro (la lepra) y poco antes de morir, se tomará la revancha con un acto de rebeldía, que plasma con absoluta claridad las turbias relaciones que jalonan la relación de los Moscoso de Altamira con los arzobispos compostelanos.

En 1458 Enrique IV convoca a don Rodrigo de Luna para que se una en la expedición que está reuniendo en Écija para marchar sobre el reino Nazarí de Granada. El arzobispo a su vez hace un llamamiento a todos los apellidos de sus tierras. Mas la nobleza hace oídos sordos a la convocatoria y ninguno se presenta. El Pertigueiro niega con su postura cualquier tipo de relación de vasallaje con el arzobispo responden e respondemos que eles nos son obligados a faser a tal servidumbre por moytas raçoes. Reprochan al arzobispo que bien poco valen las rentas y feudos que les ha concedido. El señor de Altamira le acusa de mal señor lle toma e ocupa e embarga de cada día a rendas e dereyturas que lle pertenescen por razón do dito oficio de pertigueria.

Don Rodrigo de Luna debe tragarse el orgullo y acudir al llamamiento del rey. Desconoce que a su regreso le esperan más dificultades y las puertas de Santiago cerradas. Pero esa ya es otra historia.

Fuentes

  • Aponte, Vasco de, Recuento de las Casas Antiguas del Reino de Galicia. Santiago de Compostela, 1986.
  • Blanco, Patricia, Los hombres de Altamira vencen a Rodrigo de Luna, La Voz de Galicia, 2009.
  • Castiñeira Castro, Paulino. El Pazo de Altamira en Corcubión, en Corcubión mirando hacia atrás: http://ccastropaul.blogspot.com
  • Galbán Malagón, Carlos J.. Señor, Non sejas ataúd de tus Criados.Una aproximacióna los Afines del Entorno de la Casa de Moscoso (c. 1411-c. 1510), Anuario de Estudios Medievales, enero-junio, 2011.
  • Galbán Malagón, Carlos J.. Relaciones de poder y memoria de un linaje. La intervención de la Casa de Moscoso en la Compostela de los siglos XIV-XVI, Madrygal, 18, 2015.
  • García Oro, José. Galicia na Baixa Idade Media. Igrexa, Señorío e Nobreza. Noia, 1999.
  • Rodrigo Luna Biografías de Real Academia de la Historia: dbe.rah.es.

 

Sergio Balchada

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