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Los tres han decidido jugársela y subir a la sierra con los requetés. Apenas han transcurrido unas pocas semanas desde el inicio de la guerra y a la pequeña población de Belandia (Bizkaia) llegan partidas de milicianos procedentes, en su mayor parte, de los municipios de la margen izquierda de la ría de Bilbao.
En la sierra Salvada los pasos desde el vecino valle de Ayala (Araba) y desde la jurisdicción de Urduña (Bizkaia) están controlados por la milicia tradicionalista del requeté del valle de Losa. Reforzado por huidos de las citadas localizaciones y del Requeté de Álava.


Todavía las luces del amanecer del 9 de agosto de 1936 están despertando. Mariano Mendibil y Manuel Sanmartín salen de sus casa situadas en el barrio Medio. De camino a casa del tercer implicado, Victoriano de la Torre, son interceptados por los milicianos que hacen guardia.
Les inquieren que hacen a tal hora en la calle. Mariano no duda: A buscar los bueyes que tenemos que trillar. Tenemos ya la parva para trillar y hay que ir a buscar los bueyes que están en el Karraskal. Manuel lo secunda añadiendo que acude con él para echarle una mano en las labores.
Los milicianos no parecen estar muy convencidos de lo expuesto por los dos baserritarras.
Según parece al tercero en discordia lo van a buscar a casa. Victoriano se está afeitando cuando llaman a la puerta de su casa. Se asoma a la ventana y ante su sorpresa un grupo de milicianos le ordena que baje. Todavía con media cara cubierta de espuma es conducido junto a sus compañeros al cercano monte Babio. Allí son informados de que van a ser fusilados en breve.
Los reos demandan a sus captores un cigarro que puedan fumar. Los milicianos acceden al deseo de los tres condenados. Después les ordenan cavar una fosa.
Mariano se reitera en su versión. Además trata de acertar en el corazón de los milicianos: Tengo cuatro hijos. Los milicianos a buen seguro se remueven. Uno de ellos dice a Mariano y a Manuel que pueden regresar a sus casas:
Ustedes para casa, para casa eh! Y si miran para atrás.
A sus espaldas suena un disparo. Ninguno se vuelve. Manuel echa a correr sin mirar a atrás. Mariano no puede. Le tiemblan tanto las piernas que es incapaz de echar a correr. Acaba de salvar el pellejo y nunca supo el verdadero motivo que empujó a sus verdugos a perdonarle la vida.

Lápida en el cementerio de Belandia

Mariano vive con miedo en el cuerpo. Desconfía de que lo dejen tranquilo de una vez por todas porque a partir de entonces se hace habitual la presencia de milicianos en la zona. De hecho tienen las cocinas en el caserío anexo al de Mariano. Su hija Carmen recuerda muy bien a los combatientes republicanos:
Porque los soldados, nosotros vivíamos tal que aquí y en la era de Adrian, (…) donde hacían el pan allí estaban los soldados. Allí hacían la comida.
Total que estaban las casas pegadas, la nuestra y la de Adrian. Nosotros salíamos y la tía decía: “No vayáis junto a los milicianos”. Éramos unas crías. E íbamos junto a los milicianos, nosotras solas no, y las demás niñas del barrio porque éramos muchas.
(…) Y nos trataban bien eh!. Decían: “Mañana cuando traigan la comida si traen galletas os vamos a dar”. Nos solían dar. Nos solían traer.
A mediodía a la era del caserío acudían los milicianos apostados en las trincheras próximas al pueblo a comer el rancho. También algunos niños del pueblo acuden a comer junto a ellos.
En un momento del relato de Carmen y Natividad, hijas de Mariano Mendibil, aflora la tía Hermógenes. Una mujer de armas tomar y que no se arredra ante nadie. Carmen recuerda nítidamente un terrible episodio vivido a la puerta de casa entre su tía Hermógenes y un grupo de milicianos que venían con intención de llevarse el ganado de la familia:
Yo me acuerdo el día que nos llevaron las yeguas, que estaba la tía con nosotros. Y la tía estaba en la puerta: “De aquí no las sacan”. Y le dijeron a mi padre: “Retire a la señora o le damos un tiro”. Le dijo mi padre: “No es mi señora, si ella no se quiere retirar que haga lo que quiera”. Y le dijeron: “Pues le damos un tiro”. Y dijo ella: “Pues darme un tiro”.
Y entonces cogió a una de nosotras y dijo: “Ahora darme el tiro”. Y le dijeron: “No, a la niña no pero a usted si”. A la última dijo mi padre: “Mire Hermógenes se la van a llevar igual. Deja de llorar, de patear y que la lleven”. Y la llevaron. Le dejaron sin nada a mis padres. También se incautaron de la pareja de bueyes, las ovejas y las vacas. Tan sólo les dejaron una.
Carmen sonríe: Hasta las gallinas que las subimos al camarote (para ocultarlas) y voló una para fuera.
Pero aquí no rematan los infortunios de la tía Hermógenes:
La tía Hermógenes salió a coger una ropa de las gemelas en la huerta de atrás (…) con un candil. (…). Y la vieron de Etxaurren (junto a la ermita de Etxaurren (Menoio). tenían los republicanos una de las posiciones que defienden el valle de Ayala) y de ahí le dispararon. Y al otro día se presentaron los milicianos y le cortaron el pelo a todas las mujeres (…) A todas! del barrio Medio (de Belandia). ¡Esa era brava!. Le cortaron el pelo no se cuantas veces. ¡Qué les contestaba!.

Acemileros del batallón comunista Leandro Carro en Lekamaña (Araba) muy cerca de Belandia.(Fotografía en: http://guerraenlauniversidad.blogspot.com)

El día de Reyes de 1937 la familia está reunida en torno al fuego bajo de la cocina. La tía Hermógenes remueve un puchero de café que pende sobre éste. Un movimiento brusco y el puchero se estrella contra el fuego con tan mala fortuna que la cara del benjamín de la casa, de apenas dos años, resulta quemada.
Y me acuerdo que mi padre y mi madre lo llevaron al médico. Fíjate, había que ir hasta Orduña. Lo llevaron en la burra.
Ambas poblaciones distan entre sí poco más de 9 kilómetros pero debemos considerar que por aquel entonces las comunicaciones distan mucho de ser como las actuales. Mariano es conocedor de que no puede moverse libremente por los caminos. Es territorio de guerra y las fuerzas republicanas controlan en la medida de los posible el “tráfico” de la zona. Es por ello que acude a los milicianos para solicitar un salvoconducto que le facilite el tránsito por los diferentes controles establecidos en el itinerario que va a seguir. De hecho Carmen apunta que próximo al alto de Txosnagana existía uno de estos controles. Muy cerca, de hecho, están las posiciones republicanas de San Antón de Gorbeo. Expiden el salvoconducto sin problema.

Al pasar precisamente el alto de Txosnagana y comenzando a bajar hacia Urduña, son disparados desde la sierra por los requetés. Se trata de una zona expuesta y cercana a la sierra. Por fortuna consiguen llegar con el susto en los tuétanos a la consulta del doctor Larrea (Posiblemente se trate de Tomás Larrea).
Cae la noche y Serapia, madre de la criatura accidentada, queire regresar a Belandia. En noviembre ha sido madre de una niña, Eugenia, y debe amamantarla. Larrea recomienda que pasen la noche en Urduña y trata de convencer a la mujer de lo peligroso de la aventura. Pero Serapia es tozuda y no consiguen apartarla de sus intenciones.

Pareja de bueyes (Fotografía en https://albertomuro.wordpress.com)

Así el médico no tuvo más remedio que facilitarle un nuevo salvoconducto. Y de noche y alumbrados por un candil emprenden el regreso al hogar. Nuevamente son tiroteados desde la sierra. Algunas balas silban muy cerca de ellos que tratan de ganar terreno cubierto.

Y cuando llegó a casa, me acuerdo que estábamos con la tía Hermógenes y la abuela; la madre de mi madre. Y dijimos nosotras: “Ya vienen abuela”. Porque los burros cuando llegaban a casa rebuznaban. Y rebuznó la burra. Nosotras éramos unas crías (…). Y salimos a verles. Y en cuanto llegaron a Jesusín le cogió la abuela. (…) No se me olvida mientras viva. Cómo lo tenía la abuela Tomasa. Ella no le quería soltar, el pensar que estaba vivo.¿Tu sabes la abuela lo que sufrió aquella tarde?.

La guerra fue transcurriendo con algún que otro sobresalto más y una gran alegría. Caída Cantabria en manos de las tropas Nacionales en septiembre de 1937 se incautaron de multitud de cabezas de ganado que los republicanos en su repliegue se habían ido llevando. Una partida de estas cabezas pasa por Arespalditza (Aiara, Araba). Entre los hombres que los custodian se encuentra un primo de Mariano.

Entonces un primo de mi padre los conoció y dijo: “Estos son los bueyes de Mariano” ya cuando fue allí (Se refiere a Cantabria). “Yo los suelto”. Cuando llegaban a Respaldiza (…), allí soltó los bueyes. Los fue soltando ya desde Respaldiza y les dio un palo a cada buey y les dijo “Iros por ahí”. Y dice el padre que ellos oyeron el buey que murriaba y dice: “Han venido los bueyes”. Y dice la madre: “Tus estás soñando”
La madre con una ilusión. Una ilusión de ver los bueyes. Yo me acuerdo de eso que lo contaban cientos de veces.
Con los bueyes en casa de nuevo la familia tiene muchas esperanzas de salir adelante. Ahora podrán labrar la tierra invirtiendo menor esfuerzo. Son sin duda la posesión más valiosa para un caserío. La guerra se la quitó y la guerra se la devolvió.

Fuentes

Entrevista realizada en Maroño el 21/09/2018 a Carmen y Natividad Mendibil.

 

Sergio Balchada

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