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Acre está construída sobre una península en forma de apéndice nasal: al sur, el puerto; al oeste, el mar, al norte y al este, dos sólidas murallas que forman un ángulo recto. La ciudad está doblemente amurallada. Alrededor de las murallas, sólidamente defendidas por la guarnición musulmana, los frany forman un arco de círculo, cuyo grosor va aumentando, pero tienen que contar, en la retaguardia, con el ejército de Saladino (Maalouf, 1994).

Así es. A espaldas del ejército de Occidente, Saladino ha dispuesto su real en lo alto de unas colinas próximas a la gran llanura de Acre. Esta posición le permite disponer de una atalaya privilegiada sobre la ciudad y las posiciones cristianas. Desde allí arriba las debilidades enemigo son más evidentes.Mas no parece atreverse a tomar la iniciativa. Es conocedor de que el enemigo está recibiendo por mar nuevas tropas casi a diario.
La suerte ha querido sonreírle. Después de la entrega de Jerusalén el 2 de octubre de 1187 los frany han ido retrocediendo posiciones aunque no expulsados de vuelta a su tierra. La tensión crece en el seno de las huestes cristianas y en algunos casos se opta por soluciones violentas para dirimir las diferencias o las ambiciones personales.

Tumba de Ricardo I (www.telegraph.co.uk)

La nueva de la pérdida de la Ciudad Santa causa conmoción en Occidente. El papa Gregorio VIII, recientemente en el cargo, proclama mediante la bula Audita Tremendi, la Tercera Cruzada. Al frente de los Ejércitos de la Cristiandad marchan el rey Felipe II Augusto de Francia; Ricardo I de Inglaterra más conocido como Corazón de León  y Federico I Barbarroja. Mientras el emperador germano opta por desplazarse por tierra. Los monarcas francés e inglés prefieren cruzar el Mediterráneo y zarpan de la costa francesa en el verano de 1190.

El monarca galo arriba sin mayores contratiempos a Tiro y el 20 de abril de 1191 aposenta sus reales frente a las murallas de Acre. Los ingleses hacen lo propio en junio después de una azarosa travesía. La ciudad está sitiada cuando ambos hacen acto de presencia. Guido de Lusignan venía manteniendo el sitio sobre Acre desde finales de agosto de 1189.

Felipe no obstante nombrado comandante de la expedición no es aceptado de buen grado por los demás reyes y nobles. Estos con Gui de Lusignan a la cabeza se inclinan más por el monarca inglés al que no tardan en hacen partícipe de sus preferencias incluso antes de su comparecencia en Acre. Los desencuentros y las discusiones no se hacen esperar. De hecho Ricardo debe vasallaje a Felipe en virtud de los ducados de Normandía y Aquitania detalle que, parece ser, pasaba por alto en reiteradas ocasiones.

No obstante Ricardo será el verdadero acicate para que finalmente el cerco llegue a su fin. Personalmente se pone al frente para organizar y coordinar las acciones conducentes a constreñir la resistencia de los sitiados, y repeler las razzias de Saladino que recordemos permanecía a la retaguardia de los cruzados. La presión sobre la ciudad es considerable y los efectos se hacen notar en el interior. El hambre aguijonea los estómagos.

Recreación de Saladino (http://historia-turcos.blogspot.com)

A principios de julio Saladino recibe a un emisario de Acre. Había conseguido burlar el cerco atravesando las líneas enemigas a nado por el mar. El mensaje que porta es desalentador. Si el sultán no hace nada para aliviar la situación crítica por la que están pasando, entregarán la ciudad a los frany. Saladino piensa en primera instancia en cargar contra los cristianos utilizando hasta el último hombre, su Estado mayor lo desaconseja y lo convencen para que desista en la idea. Finalmente el sultán da poderes a los dirigentes de la ciudad para que parlamenten con los cruzados.
Al mismo tiempo Saladino se pone en contacto con Ricardo I para negociar la rendición de la plaza.

Sorprendentemente el 12 de julio los pabellones de los frany se alzan por encima de las murallas de la ciudad.
A cambio de respetar la vida de todos los habitantes de Acre, Saladino se compromete a a la puesta en libertad de 1.500 prisioneros, 200,000 dinares y lo más importante, la devolución de la Vera Cruz que había sido arrebatada al de Lusignan en Hattin. Se fija la entrega de la mitad del dinero y la Vera Cruz para el siguiente 11 de agosto. La fecha señalada los líderes de la Cruzada sólo reciben parte del pago. No se pueden exprimir más las exhaustas arcas del sultán.

La paciencia de Ricardo se agota. La reciente victoria cosechada le ha abierto el apetito, quiere continuar guerreando, quiere llegar hasta Jerusalén. Después de la ocupación de Acre han vuelto a surgir las desavenencias entre las facciones existentes en el seno de la Cruzada. Uno de estos episodios, en un gesto probablemente provocador de Ricardo, éste se instala en el palacio real. El rey francés no acepta de muy buen grado el desaire y las tensiones van en aumento. El reparto del botí obtenido también provoca divisiones. Nuevamente se enfrentan las ambiciones políticas de ambas facciones. Felipe II y el duque Leopoldo V de Austria abandonan Acre.

Sin expectativas de cobrar lo acordado a corto plazo Ricardo decide acabar con la situación de un plumazo. No se puede permitir retrasar por más tiempo sus planes. Por otro lado. ¿Va a entregar a Saladino a los soldados que han demostrado con creces su valía en la defensa de Acre?. ¿Para que luego deba enfrentarse nuevamente a ellos?.
El 20 de agosto Ricardo ordena a sus hombres que saquen fuera de la ciudad a 2.700 soldados capturados y a 300 rehenes más entre mujeres y niños. A continuación permite a los soldados que los exterminen a todos. Una matanza en toda regla tiene lugar delante de los muros de Acre. Esa jornada la tierra injiere mucha sangre.
Ya nada retiene al caudillo inglés en Acre. Apresta sus tropas para partir de inmediato sobre Jaffa, la cual le servirá de base para el asalto a Jerusalén.

Fuentes

  • Cuesta, Juan Ignacio. Breve historia de las Cruzadas. Madrid, 2009.
  • Hindley, Geoffrey. Las Cruzadas. Peregrinaje armado y Guerra Santa. Barcelona, 2005.
  • Maalouf, Amin. Las Cruzadas vistas por los árabes. Arganda del Rey, 1994.
  • Guerreros sin corazón: la cara oculta de los caballeros medievales. En La Razón, 12/04/2009.

 

Sergio Balchada

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