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Aquí nos enteramos…yo me enteré cuando estábamos trillando. Aquí con las yeguas, el ganado y la órdiga.Y estábamos aquí trillando, me cago en la leche, en esto Mari Ángeles la Robina y Guillermo…Y pasan por ahí (señala el camino real de la Sopeña). Venían con las corderas. Guillermo no se si venía descalzo…Y con las corderas pasaban por ahí.
Y el padre “Qué cosas más rara” y les salió ahí. ¿Adónde vais?”. “Es que han venido a casa unos hombres y nos han llevado los bueyes, estábamos trillando, y el caballo y han llevado al tío también. Mi padre se ha marchado para arriba.”.Cago en la leche, mi padre se quedó un poco… “Y han dicho que luego van a venir a por el Rubio”.

Que el Rubio llamaban a mi padre. Me cago en la leche, el padre. Ya sabes, se quedó pensativo. Cogieron, pues el padre que se va a marchar. Estábamos sin comer aquí todavía, trillando. Y que va a marchar.


Pepín lleva toda su vida residiendo en la Venta Fría junto al Camino Real de la Sopeña, en Lendoño Goikoa (Bizkaia). Aunque todavía lo desconoce, se avecina una larga guerra que le obligará a alejarse de su casa durante prácticamente un año. Sus vecinos de la cercana población de Belandia traen consigo las primeras nuevas de algo que a sus 8 años no acaba de entender muy bien. Pero lo hará.
Enseguida se arma un pequeño revuelo. Su padre está decidido a marcharse, a subir a la sierra Salvada por la Senda Negra.
Y claro, me acuerdo que cuando dijeron que marchaban para arriba…Teníamos un tío, hermano del abuelo, soltero…Cogimos los bueyes y no se si el caballo…Para que subiría el tío a acompañarle al padre a subir por la Senda Negra.
Me cago en…me agarro al pantalón del padre: “¡Yo voy con el padre, yo voy con el padre!”. Me acuerdo que la madre lloraba. “¿Pero adónde va ir este chiquillo?” Y le dice el padre: “Déjale, déjale que estamos ahí en la txaula. Si esto va a ser cuatro días que esté en la txaula. Teníamos las ovejas en la sierra. Que estaría allí en la txaula con el padre y el hermano Antonio que estaba allí con las ovejas.

La Senda Negra

Cuando llegan al portillo de La Barrerilla se encuentran con los primeros requetés que se han movilizado para controlar los pasos de la sierra desde Bizkaia y Araba. Recuerda que a lo sumo eran 6 requetés del burgalés valle de Losa. Su padre los conocía de pasar las temporadas estivales en la sierra con el ganado y no tuvieron problema alguno para acceder a la sierra. De hecho su padre tiene muchas amistades en Losa y hace mucha vida en la comarca. Amistades, compra-venta de ganado. Hay que tener en cuenta que las relaciones entre los vecinos de los pueblos de la sopeña y del valle de Losa son habituales. Se puede afirmar que poseen importantes vínculos con las gentes del altiplano de la sierra.

Los requetés disponen de una txabola que han construido ellos mismos para pasar las noches y guarecerse de las inclemencias climatológicas. Al caer la noche la guarnición se ve reforzada con unos cuantos requetés más de los pueblos de la zona.
Después vinieron. Aquellos eran más trastos que la órdiga. De Briviesca o por ahí. Aquellos no hicieron más que mal. Porque las peñas suelen estar cerradas, las veredas con piedras que los ganaderos tiene ahí de siempre, todas las piedras que había por la orilla las tiraron por la peña abajo. Eran unos trastos.
Pepín se ríe al recordar las “travesuras” de los muchachos de Briviesca. Allí en aquella txabola pasó dos meses con ellos: Hasta dormir hice con ellos alguna vez. Era el juguete de los requetés yo allí. Yo con 8 años todo el día enredando conmigo y comía con ellos allí.

Restos de la txabola de los requetés junto al portillo de La Barrerilla

Realmente no hay mucho que hacer encaramado a estos riscos. Pepín desgrana el tedio del día a día. Los requetés matan las horas entre guardias en los riscos y juegos de cartas. Pero uno de esos días un hecho vino a romper aquella tranquilidad:
Y un día me dicen: “Oye tu”. Me trataban como un mayor y la órdiga, jugando conmigo. “Tienes que hacer guardia hoy ahí”. En La Barrerilla. Ellos estaban jugando (a las cartas) como donde aquella encina (a unos cuantos metros, no muchos) pero el paso no se veía. Y me acuerdo, no se de dónde sacarían leche, porque había algo de leche. Un platico con leche me trajeron allí. Me trajeron un platico como cuadrado que había para dar vuelta al puchero. Y yo allí comiendo la leche, me acuerdo que era leche con sopas…No sé si sería de las ovejas o no se.
El caso es que los requetés me pusieron allí y ellos jugando a las cartas. Coño, que en esto, hostia que subía gente por el camino negro. Subía una cuadrilla de gente, mujeres y la órdiga.
Yo fui corriendo dónde ellos: “Oye que viene gente por ahí” por el camino negro. Enseguida cogieron los fusiles y uno fue allí (…), un poquito más adelante un requeté fue allí a echarles el alto cuando venían ya allí debajo.
Y yo fui corriendo,cosas de chiquillos, con el que fue allí a pararlos. Me acuerdo que les echó el alto, me acuerdo casi hasta las palabras que dijo. Les echó el alto: “Alto!” y venían con fusiles esa gente.¡Armas a tierra!”. Tiraron las armas al suelo “¡Y sigan!”Y uno dice “Dispense, que llevo una pistola”. “Pues siga con la pistola para adelante” ¿Y quien te parece a ti que eran?. Los guardias (civiles) de Amurrio con las mujeres y la órdiga que escapaban. Iban a pasarse, se pasaban arriba. E iban con unos trapos blancos cuando llegaron allí. Y se los dió aquí mi madre.

La improvisación y también la ingenuidad de quienes no están acostumbrados al arte de la guerra provoca situaciones que hoy en día nos causan sorpresa y aún hilaridad:
Mira que escolta pusieron a los guardias para entregar a Quincoces, fue mi padre a entregarlos a Quincoces. Estaba ahí con las ovejas “Tu Pepe que conoces”.
Era habitual que los requetés se arrimasen al borde de la sierra y si veían a alguna persona deambular por abajo le disparaban, de hecho un vecino de Belandia que estaba laboreando en la zona conocida como Las Returas de Belandia falleció a causa de una de estas prácticas (Información facilitada por Carlos Cuadra).
Y me acuerdo una vez que vinieron con una ametralladora. Y la pusieron aquí en el pico la ametralladora (Tologorri) para tirar allá a Korocen (Monte donde se ubican trincheras republicanas). Empezaron a tirar con la ametralladora.
Casualmente por las inmediaciones unos vecinos de Pepín pasaban con un carro de bueyes:
Y al oir la ametralladora y eso lo que pensaron “Estos bajan a por nosotros”. Y marchaban por el camino este que va a Batete, esa pista que va ahí para Belandia.
Me acuerdo que marchaban por ahí con el carro, bueyes y no se que dicen de bajar la ametralladora. Y me acuerdo que el difunto de mi padre: “No, No, no. No bajeis la ametralladora para tirarles”. Eran vecinos además. Eran de otro bando pero a efectos eran vecinos. Y no la bajaron. Marcharon para allá con los bueyes y eso.

Fortificaciones republicanass en Korotze (Mendeika, Bizkaia)

A Pepín le duran poco aquellos días de aventura en la sierra con los requetés. Como nos comentaba con anterioridad, por las noches llegan a la txabola más hombres para reforzar la vigilancia de los pasos a la sierra. En una de estas ocasiones uno de los combatientes deja su escopeta colgada boca abajo a la entrada del improvisado refugio. Pepín se acerca a ella animado por la curiosidad innata en el niño:
Bueno, pues la tenía allí colgada y yo como muy curioso pues ya sabes, tocando los chismes. Había que tener cojones para dejar la escopeta cargada colgada y con los gatillos levantaos.

Bueno a cualquiera no se le ocurre eso. Y yo era chaval, enredando, estaba la escopeta allí…Y raaas! Dispara la escopeta y me llevó media pierna al carajo. Mira, tengo plomo todavia en el cuerpo.
El sobresalto es monumental. Pepín pierde mucha sangre, la herida es grave. El disparo le ha volado medio muslo. Uno de los requetés, casualmente el padre de los chavales que vieron pasar por delante de su casa con las corderas, toma su pañuelo y le practica un torniquete.
Y me acuerdo que el amo de la escopeta habían venido con unos caballos. Él nos llevó a mi padre montado en el caballo y yo delante del padre a Villacian (Burgos). Había un practicante…pues practicante no se…de cabras no se si sería practicante (se ríe). De aquí allí no eché ni una lágrima. Y que dolor pasé cuando iba en el caballo. Los pasos para abajo del caballo el dolor que me metían.
Lo aguanté y fuimos a Villacian. Me tumbaron allí encima de una mesa. El practicante me soltó el pañuelo y tenía no se si sería mujer o una criada, no se lo que eran. Le mandó poner agua a hervir. Un cacharro de agua para lavármelo allí. Tenía cachos de carne colgando! Y me acuerdo que con una tijera tras tras cortando lo que estaba colgando. Me lavó con agua eso, cogió una venda…ni pomadas, no se si tendría…Me vendó y me llevaron a una casa de Villacian donde tenía muchas amistades el padre allí.
El practicante o tal vez veterinario acude al día siguiente al lecho donde yace Pepín para realizarle la pertinente cura. Pepín no lo oculta y afirma categóricamente que llora con cojones desde el momento en el que le retira la venda.
Pepín permanece en Villacian (Burgos) hasta junio del año siguiente. Una vez se recupera de la grave herida se le puede ver corretear por campas y veredas con otros chiquillos del pueblo. En Villacian también asiste a la escuela.
Por San Juan al fin regresan a su hogar en Lendoño Goikoa (Bizkaia). Traspasado el umbral de la puerta se topan con que un vecino ha estado utilizando la vivienda como cuadra para ovejas. Su madre y hermanos evacuados por orden del gobierno vasco no han podido evitar la ocupación de la antigua venta.
Rematada la guerra, con el paso del tiempo vecinos de uno y otro bando van regresando a Lendoño Goikoa. La vida ya no vuelve a verse alterada y cada cual prosigue con su vida habitual. La convivencia entre vecinos regresa a los habituales derroteros:
…hemos vivido con ellos toda la vida (…). Cada uno tenía su ideología pero no pasa nada.

Extractos de la entrevista realizada a José “Pepín” Elejalde Mendibil en Lendoño Goikoa el 16/08/2018.

Sergio Balchada

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