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La causa 167 recoge uno de los crímenes más espeluznantes de los que se cometieron durante la guerra civil. Nada menos que el asesinato de una mujer embarazada de 7 meses y 6 de sus hijos todos ellos empujados vivos al corazón de una sima de 50 metros de profundidad.
Como cabe imaginar en un primer momento, dado el contexto histórico en el que se enmarca el suceso, la principal motivación que lleva a la eliminación física de las víctimas sea la política. Nada más lejos de la realidad. Quizás al albur de aquellos primeros días de total impunidad y de sed de sangre se pretende enmascarar con esta pátina el asesinato que cuenta con razones alejadas de la premisa política.


Se abre la citada causa 167 a petición de Pedro Antonio Sagardía contra 11 vecinos de la pequeña aldea de Gaztelu (Donamaría, Navarra) por incendio y coacciones sobre la familia Sagardía Goñi. En la obra La Sima ¿Qué fue de la familia Sagardía?, su autor José Mari Esparza apunta la posibilidad más que plausible de la connivencia con los encausados del cura párroco de Gaztelu don Justo; y del sargento de la Benemérita del puesto de Santesteban, a la sazón jefe del puesto, Gregorio Zubizarreta.

Juana Josefa y seis de sus hijos (Fotografía en http://simasyfosascomunesnavarra.blogspot.com.es/)

Pedro Antonio Sagardía señala a los encausados como culpables de la desaparición de su familia el 30 de agosto de 1936. Desde entonces no había rastro de su mujer e hijos y pese a los testigos que aseguraban haber visto a alguno de ellos en fechas posteriores en diferentes localidades, no existen pruebas fehacientes o indicios de peso que corroboren tales afirmaciones. La secuencia de los hechos es la siguiente:
Pedro Antonio Sagardía se encuentra lejos de su hogar en Gaztelu. Su profesión de carbonero lo mantiene en el monte durante largas temporadas. A mediados del mes de agosto recibe aviso de su mujer reclamando su presencia en Gaztelu puesto que las autoridades locales instan a ella y a su familia a abandonar el domicilio y el pueblo en un plazo de 48 horas. Se presenta en el pueblo con premura acuciado por las dudas que le asaltan acerca de como se encuentra su familia. A la entrada del pueblo un retén de vecinos armados no le permite el acceso al mismo. Le encañonan y de nada sirven las razones de peso que esgrime. Dos de ellos lo conducen a la fuerza al cuartelillo de la Guardia Civil acusado de ser un espía de los rojos. La existencia de este retén no es extraña durante aquellos días. Las poblaciones en la retaguardia del frente, hay que tener en cuenta la cercanía de Gaztelu con Gipuzkoa donde se libraban combates por el control de la provincia, existían estas milicias de retaguardia creadas para labores de vigilancia. Máxime cuando era ruta de paso de izquierdistas navarros que huían de la represión desatada hacia territorio controlado por la República.
En el cuartelillo el citado sargento Zubizarreta lo retiene en el calabozo durante varios días, hacen oídos sordos a los requerimientos y quejas del detenido, el cual siquiera es informado del motivo de su arresto. Pasados los días de reclusión lo dejan en libertad bajo la prohibición de que no regrese a Gaztelu y vuelva al trabajo. Obedece sin rechistar. Esta situación del cabeza de familia de los Sagardía Goñi es aprovechada sin demora por quienes ya han decidido deshacerse de Juana Josefa y de sus hijos. Éstos expulsados de Gaztelu se han trasladado a una txabola en el monte Irisoro.
La noche del 30 de agosto un grupo de vecinos acude a la improvisada vivienda, armados y con aviesas intenciones. Según el testimonio de Teodora Larraburu esa noche se pudieron oir cuatro disparos en la zona donde se encuentra la txabola, al día siguiente la construcción apareció quemada. No había rastro de Juana Josefa y de sus hijos.

Enseguida se corre el rumor por la comarca de que azuzados por teas esgrimidas por el grupo de vecinos implicados han sido despeñados vivos en la cercana sima de Legarrea. Un rumor sordo, vertido con miedo en los oídos y bajo la seguridad del propio techo sobre el que se quiere correr un tupido velo. Toda una familia conducida a la muerte a excepción de dos de sus miembros, el marido de la desafortunada y José Martín el primogénito que por esos días permanece en el frente de guerra enrolado en el Requeté. Sorprendentemente su padre también. Una vez en libertad también se ha alistado en el Requeté obedeciendo a pies juntillas la sugerencia del sargento de la Benemérita.
Un año después es cuando denuncia el hecho de la desaparición de su familia, se abre la causa 167. Causa de recorrido irregular y convulso que punto estuvo de desestimarse hasta en tres ocasiones en las que bien o bien la aparición de un nuevo testimonio o bien la mano de un familiar poderoso del denunciante han conseguido que se reabra. José María Esparza apunta que se trata del teniente coronel Antonio Sagardía Ramos, más tarde ascendido a general.

Teniente coronel sagardía durante la contienda (Fotografía en relatosenlasmerindades.blogspot.com.es)

El proceso se extiende 10 largos años en los cuales fallecen tres de los encausados, el primero se suicida y los otros dos mueren en circunstancias nada claras o al menos sospechosas. También fallece el denunciante en diciembre de 1942 y aún así la causa sigue su camino.
Se solicita en varias ocasiones el descenso y examen de la sima de Legarrea, se desestima aludiendo la dificultad que entraña la operación. No obstante el abogado de Pedro Antonio insiste, considera crucial esta revisión de la sima para de una vez por todas los rumores que apuntan a que allí fueron empujados los miembros de la familia Sagardía-Goñi sean un hecho o por el contrario deseche esta teoría. Al fin se consigue y en octubre de 1945 es examinada en el transcurso de 10 minutos. Nada hallan salvo escombro y un buen número de troncos y ramas cuya presencia en el interior de la sima sorprende a mas de uno. Apenas unos meses más tarde se declara el sobreseimiento de la causa.
El 13 de octubre de 2016 se daba la noticia del hallazgo de los restos de Juana Josefa y su prole: Asunción de poco más de 1 año, José Mari de 3 años, Martina de 6 años, Pedro Julián de 9 años, Antonio de 12 años y Joaquín de 16 años. Miembros de la Sociedad de Ciencias Aranzadi exhumaban los restos ante la expectación de vecinos y medios de comunicación. El rumor se hacia realidad.
Los motivos que empujaron a un puñado de vecinos a perpetrar el crimen no son claros y se barajan varias hipótesis; desde motivos puramente pasionales, de celos y lujuria reprimida puesto que Juana Josefa era una mujer muy hermosa con algún pretendiente entre las familias preeminentes de la comarca que no había digerido bien que se casase con un “Don Nadie”. Otro móvil, que no se sostiene, serían las alegaciones que los encausados esgrimieron durante el proceso. Afirman que la causa por la que han expulsado a la familia estriba en las numerosas “raterías” por parte de los hijos en huertas, frutales e incluso corrales. Una nadería que puede ir acrecentándose en un ambiente enrarecido como el que se respiraba en el verano del 36 por envidias, tangenciales motivaciones políticas: El cuñado de Juana Josefa permanecía en prisión dadas sus ideas socialistas… Mas en la segunda edición de su investigación José Mari Esparza apunta una razón que no se había tenido en cuenta hasta el momento, hecho que aporta María Asun Losada nieta de Petra, hermana de Juana Josefa. Aunque parece increíble se apunta a la brujería. La madre de las hermanas Goñi creía en los antiguos dioses vascos y se negaba a asistir a misa. Realizaba sortilegios y curaciones a base de ingredientes naturales. Estas creencias habrían pasado a sus hijas, que alejadas de la asfixiante moralidad cristiana imperante en el rural navarro se habían casado después de haber concebido un hijo y no debían ser precisamente unas cristianas devotas. De ahí se desprende la actitud fría del párroco de Gaztelu en el interrogatorio que consta en la Causa 167. Máxime cuando residía puerta con puerta de las víctimas y nada hizo para evitar su desahucio. Como si de un tribunal del Santo Oficio se tratase un puñado de vecinos se erigió en tribunal de las buenas costumbres y adalid de la religión, tristemente también en verdugos.
Se comenta que el teniente coronel Sagardía enterado del rumor que saltaba de boca en boca sobre la suerte corrida por los de su sangre, en un arrebato de ira, aseguró que debía tomar a sus hombres y quemar Gaztelu hasta los cimientos.

Fuentes
– Esparza Zabalegi, Jose Mari, La Sima. ¿Qué fue de la familia Sagardía?, Txlaparta, 2015.
– Noticias de Gipuzkoa: Aranzadi recupera todos los restos de la sima de Legarrea, 13/10/2016

 

Sergio Balchada

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