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Anochece en los altos de Barahona (provincia de Soria). A pesar de la paulatina oscuridad la batalla entre los ejércitos castellano y aragonés no parece finalizar, extenuados debido a la dura y larga jornada de combate los golpes se antojan imprecisos y la respiración de la soldadesca se vuelve ansiosas tras las celadas .

En medio de la algarabía de combatientes, de estocadas, relinchos de caballos y lamentos de los heridos; un caballero se desgaja del grueso de la tropa. La oscuridad le confunde y un fatal despiste le empuja a separarse de sus dos hermanos junto a los cuales lleva combatiendo, codo con codo toda la jornada. Cabalga errático, tal vez buscando reunirse nuevamente con los suyos y es cuando se topa repentinamente con un caballero contrario en su misma situación. Un rápido vistazo le advierte de que se trata de alguien de calidad y no es para menos puesto que delante de sus narices se halla Alfonso I El Batallador, rey de Aragón. Ambos contendientes pican espuelas y se lanzan el uno contra el otro espada en mano. El sonido de sus aceros parece sobreponerse al eco de la batalla. Duelen ya las extremidades, están agotadas de derramar tanta sangre ese día mas aprietan los dientes y luchan con denuedo. En un momento dado el hierro de nuestro protagonista se quiebra. El rey aragonés suponemos que cree ganada la lid, pero se equivoca. El misterioso caballero acaba imponiéndose y tomando a Alfonso prisionero.
Jadeante, el monarca, requiere el nombre del varón que acaba de vencerlo. El interpelado levanta la celada de su yelmo y exclama: ¡No soy varón, si no varona!. El rey no da crédito a sus ojos en verdad es una mujer. Sus labios se despegan, quizás tartamudeante en un primer momento: Habéis obrado, no como débil mujer, sino como fuerte varón y debéis llamaros Varona, vos y vuestros descendientes y en memoria de esta hazaña usaréis las armas de Aragón.


Así es como en el blasón de los Varona que se puede admirar en su casa solar de Villanañe de Valdegobía (Araba) mantiene las bandas de las armas aragonesas. Las ganó María Pérez de Villanañe conocida a partir de aquella gesta que se pierde en la bruma de la leyenda como la Varona de Castilla. Por que aunque este hecho no está documentado y se tiene por leyenda, lo cierto es que las citadas bandas en el blasón de su linaje aparecen terciadas cuyo significado es inequívocamente que fueron ganadas gracias a algún hecho relevante.
María Pérez, según cuentan sus descendientes, llegó a enseñorear hasta 40 villas castellanas y fue impulsora de diferentes obras civiles en su señorío. Su hazaña propició que el apellido familiar se trocase al de Varona y abandonasen Pérez el cual venían sosteniendo desde el año 680 cuando la primitiva torre fue erigida por el noble visigodo Ruy Pérez.
María Pérez casó con el infante aragonés don Vela, hermano de reyes, con el que concibió al primero de los Varona llamado Rodrigo. Una vez viuda y ya mayor se retiró al monasterio de San Salvador de Oña (Burgos) donde después de varios años consagrada a Dios falleció a los 74 años de edad y allí fue enterrada.

Sergio Balchada

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