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Pregunta que popularizó el genial humorista Miguel Gila cuando en el transcurso de una batalla llamaba por teléfono al enemigo para que parase la guerra una hora, luego la conversación derivaba por otros derroteros cargados de gags que mostraban una guerra realmente surrealista.
El presente artículo no trata ni pretende ahondar en el paso por la guerra civil española del humorista madrileño. Por el contrario aspiramos a mostrar una serie de situaciones reales de la pasada guerra española, normalmente con un fatal desenlace para sus protagonistas, hijas de la confusión; de despistes a veces fruto del desconocimiento o de la inocencia propios de gentes ajenas al oficio de las armas que de repente se ven engullidas por la vorágine bélica e ideológica.


El comienzo de la contienda es coto propicio para que se produzcan las confusiones o despistes que normalmente acaban delante de la tapia de de un cementerio op en cualquier triste cuneta.
Sobretodo en los primeros días donde el caos reinante ante la situación es en muchos casos total, se desconoce si tal o cual población ha secundado el alzamiento; los frentes son todavía inexistentes y en muchas ocasiones los combatientes de ambos bandos no alcanzan casi a distinguirse unos de otros, no existe una uniformidad característica para distinguirlos y las ropas de trabajo y de paisano abundan entre las milicias de voluntarios. Tan sólo algún parche, pañuelos o brazaletes, y no es algo homogéneo entre los milicianos, sirven un poco para identificar la ideología del combatiente.

Milicianos asturianos (Foto en www.asturias.es)

Milicianos asturianos (Foto en http://www.asturias.es)

Unos y otros acaban, sin saber muy bien la razón, detrás de las líneas enemigas o lo que es peor equivocando el camino para caer directamente en la cazuela.
El 15 de agosto de 1936 cuatro milicianos y un capitán del Regimiento de Infantería de Montaña Simancas Nº 40 con base en Gijón conducen un automóvil en dirección a la población de Trevías (Asturias), los ocupantes del turismo parecen desconocer que ésta permanece ocupada desde hace unos días por fuerzas de las columnas gallegas que progresan desde el comienzo de la contienda por tierras asturianas para romper el cerco que las milicias republicanas tienden alrededor de Oviedo.
El automóvil se aproxima a un puesto de control de las citadas columnas situado en la carretera, obviamente los centinelas dan el alto al turismo. El capitán del Simancas se apresura a aclarar al soldado de guardia para evitar equívocos: Somos militares al servicio de la España roja.
Disimulando a buen seguro su estupefacción el vigía invita a los incautos recién llegados a que se apeen del auto: Muy bien, muy bien. Bajen pues, señores camaradas. (Grandío, 2011)
Desconociendo que se están metiendo en la boca del lobo hacen caso del muchacho y se ven encañonados por varios fusiles.
Al darse cuenta en la encerrona en que estaban metidos, el capitán quiso escapar, y aún no bien dio dos pasos tronó una descarga cerrada que dio con su cuerpo en tierra. Los demás, convictos y culpables fueron fusilados.(Grandío, 2011)

Columnas gallegas en el Frente de Nalón (1937). (Foto en http://guerracivilenasturias.blogspot.com.es/)

Columnas gallegas en el Frente de Nalón (1937). (Foto en http://guerracivilenasturias.blogspot.com.es/)

En otras ocasiones se dan situaciones que presentan tintes surrealistas. Continuando con la crónica del soldado Faustino Vázquez Carril recogida por el historiador Emilio Grandío, da cuenta de los combates sostenidos el 30 de agosto de 1936 en los alrededores del pueblo de Soto de los Infantes (Asturias). En un momento durante los combates se produce un terrible incendio en la población, el humo generado resulta espeso y enseguida cubre el campo de batalla generando como es lógico problemas de visibilidad. Una de las compañías gallegas es copada por los milicianos asturianos sin que los primeros se percaten del problema en el que se encuentran. Al grito de sálvese quien pueda la compañía rompe la formación y cada cual trata de salvar el pellejo como dios le dio a entender, combatientes de ambos bandos se entremezclan, por doquier el humo, gritos, disparos, sonido de pasos.
…dándose la casualidad de que dos amigos se encontraron frente a frente, preguntándose uno al otro para quién luchaban, resultando que ambos luchaban en contra, y uno le decía al otro: “Vente conmigo”; pero no llegaron a un acuerdo y se despidieron como buenos amigos, deseándose buena suerte. (Grandío, 2011)
Avanzada ya la guerra y sin abandonar el Frente Norte nos trasladamos a Euskadi. Nos situamos a 5 de abril de 1937 donde hace apenas unos días (el 31 de marzo) el general Emilio Mola ha dado luz verde a la ofensiva que promete desbaratar de una vez por todas la resistencia vasca y provocar consecuentemente la caída del territorio controlado por el recientemente creado Gobierno de Euzkadi. Para esta ofensiva Mola cuenta con el apoyo de la conocida Legión Condor alemana cuyos aparatos de bombardeo eran de los más modernos de la época: Dornier Do 17 o los Heinkel He 111.
Como íbamos diciendo el día 5 de abril de 1937 milicianos del batallón UGT Nº 3 González Peña apoyados por un blindado están al cargo de un control de carreteras en el puerto de Urkiola. Al igual que lo narrado en Asturias, un turismo hace aparición por la carretera, pero esta vez ocupados por fuerzas alemanas de la Legión Condor (Tabernilla-Lezamiz, 2010) las cuales se dan de bruces con los milicianos. Nada pueden hacer para evitarlos y emprender la huída, no obstante uno de sus ocupantes, el piloto Carsten Von Harling salta del vehículo y trata de ganar distancia a la carrera siendo abatido por los milicianos. Los demás prisioneros son los pilotos Walther Kienzle y Schultze-Blanck y el intérprete Paul Freese que fue herido de gravedad, según declaran posteriormente se perdieron mientras se dirigían al aeródromo junto a la carretera Otxandio-Dima (Tabernilla-Lezamiz, 2010).

Miembros de la Legión Condor capturado0s en Urkiola (Foto en http://www.euskomedia.org/galeria/A_17286?idi=fr)

Miembros de la Legión Condor capturado0s en Urkiola (Foto en http://www.euskomedia.org/galeria/A_17286?idi=fr)

Unos meses antes en la madrugada del 3 de diciembre de 1936 es capturado Juan Barquero y Barquero cuando intentaba pasarse al enemigo. Comprometido con el alzamiento en Bilbao, este militar había permanecido oculto aguardando la oportunidad idónea para alcanzar las líneas de sus camaradas ideológicos.
En la avanzada de Calamúa, o sea la posición más cercana a la cima, ocupada por fuerzas del batallón Celta que manda el comandante Vázquez, a eso de las doce de la noche de ayer, el teniente de Garellano Juan Barquero y Barquero entró diciendo: “Militares, no tiréis, que soy el sargento Barquero.”
Nuestros milicianos le contestaron:
“Adelante”, y aquel se acercó a nuestra posición. Barquero debió darse cuenta de que no se hallaba entre los suyos, y dijo: “Quiero ir a San Sebastián a ver a mi familia”. Los “célticos” le contestaron: “Nosotros te llevaremos”. Y le condujeron a Marquina detenido. (El Liberal, 3/12/36)
Juan Barquero había servido en el cuartel de Garellano durante ocho años como teniente. Al disolverse el batallón se ocultó en el caserío “Alegría” cercano a la localidad vizcaína de Mungia.
Cuando llegó el momento de reunirse con el bando afín a sus ideas tomó la cédula de identificación del hijo del dueño del caserío; y en camioneta salvo la distancia que le separa de Nabarniz donde un cashero le señala donde están emplazadas las posiciones de los golpistas. Obviamente erró la ruta y cayó en poder de los milicianos del batallón CNT Nº6 Celta. Esa misma noche, el rotativo informa, como el batallón aprehendió también a dos guardias civiles cuando desertaban al otro lado.
El desconocimiento del terreno que pisan propició en estos dos últimos casos que sus protagonistas cayesen en poder del enemigo.
La guerra de España está jalonada de episodios similares a lo largo de la geografía del conflicto en los que es probable se inspirase el genial humorista Miguel Gila para regalarnos el sketch donde a través del teléfono con el que habitualmente salía a escena conversa con el enemigo en una escalada de gags a cada cual mejor y más surrealista.

FUENTES

  • Grandío Seoane, Emilio. Las Columnas Gallegas hacia Oviedo. Diario bélico de la guerra civil española 81936-37), Baiona, 2011.
  • Tabernilla, Guillermo; Lezamiz, Julen. Saibigain. El monte de la sangre, Bilbao, 2010.
  • Periódico El Liberal de Bilbao.

Sergio Balchada

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