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Isabel de Barreto asiste a su primera celebración social, su abuelo Francisco Barreto no escatima en gastos a la hora de organizar la ceremonia más importante en la corta vida de Isabel: El bautismo. Una ceremonia engalanada con el perceptivo boato que una familia de su alcurnia debe exhibir en sociedad. Y no es para menos puesto que Francisco Barreto había ostentado el cargo de Gobernador de la Indias Portuguesas antes de establecerse en la villa de Pontevedra.
Los presentes en la basílica de Santa María la Mayor no pueden imaginar, siquiera atisbar entre los lloros de la recién nacida a la que sostienen por encima de la pila bautismal, a una futura mujer que conseguirá alcanzar honores vetados para su sexo y romperá con unos cánones socialmente establecidos para la mujer; en buena medida gracias a su fuerte carácter. Aquel día de 1565 es un día feliz para los Barreto.
Isabel de Barreto crece en la villa gallega rodeada de atenciones la situación económica de su familia es ciertamente holgada y esto le permite acceder a una educación exquisita que supo aprovechar con creces nuestra protagonista. Su vida transcurre sin sobresaltos.


En 1585 esta plácida vida en provincias se esfuma e Isabel abandona el casi sempiterno cielo gris gallego por el sol y la luz peruanas. Ya nunca regresará a la tierra que la vio nacer. Un año después contrae nupcias con Álvaro de Mendaña, 24 años mayor que ella, como descubridor de las islas Salomón (1568) Felipe II lo había recompensado con los títulos de Adelantado del Mar Océano y Gobernador y Capitán general de las islas Salomón.

Álvaro de Mendaña (Fotografía en National Geographic)

Álvaro de Mendaña (Fotografía en National Geographic)

Muy poco o nada sabemos del transcurso de los días en la vida de Isabel en Perú, es muy posible que frecuentase la compañía de lo más granado de la nobleza local, al mismo virrey el marqués de Cañete con quien su marido mantuvo infinidad de entrevistas y audiencias. El de Mendaña persigue desde 20 años atrás el flete de una nueva expedición para realizar un segundo viaje a las islas Salomón (donde se cree pueden ubicarse las legendarias minas del rey Salomón) donde erigir un asentamiento permanente. Tiene dos razones de peso, por un lado evitar la ocupación de las islas por piratas ingleses, éstos dispondrían así de una base de operaciones desde donde atosigar el tránsito de mercancías con las Filipinas y por otro lado crear un puerto seguro y un lugar de reabastecimiento de víveres a medio camino para los navíos que las transportan.
Las intrigas palaciegas, las envidias y las reticencias de las autoridades impiden que Álvaro de Mendaña no pueda ejercer como tal Gobernador y Capitán General que realmente es.
Isabel entra en juego de forma crucial, aprovecha la confianza y la influencia que parece tener sobre el virrey; y es quien de convencerlo para que acepte financiar la aventura de su esposo.
Las gestiones de Isabel Barreto se traducen en el flete de 4 navíos: San Gerónimo, Santa Isabel, Santa Catalina y San Felipe. La flotilla zarpa de El Callao en abril de 1595 al frente de cerca de 400 personas entre las que cerca de 300 son soldados de los que cabe decir están desocupados y causando problemas desde el fin de las guerras internas entre españoles; el resto del pasaje se compone de mujeres entre las que se encuentra la propia Isabel de Barreto y niños. El piloto mayor es el portugués Pedro Fernandes de Queirós de reputada experiencia en este tipo de lides, al frente de la parte militar encontramos a Marino Manrique, hombre de sobrada experiencia guerrera, cuenta con 60 años, y de un carácter digamos que difícil.

Nao (Fotografía de SacoDeDados.es)

Nao (Fotografía de SacoDeDados.es)

La flotilla arriba a un nuevo archipiélago al que bautizan como Las Marquesas de Mendoza, honor que le brindan a la esposa del virrey. Posiblemente fue la amistad entre Isabel y la marquesa la que pudo propiciar el que finalmente el virrey accediese a financiar la empresa. En septiembre de ese mismo año la expedición fondea en las islas Salomón, en la bautizada como Santa Cruz fundan un asentamiento y enseguida comienza a cundir el hartazgo y el descontento entre las fuerzas militares. Según parece lo exiguo del botín obtenido no es del agrado de la soldadesca, creen como se apuntó con anterioridad, que en las islas se hallan las afamadas minas del Rey Salomón pero la cruda realidad es otra bien distinta. El malestar conduce a la tropa a cometer actos de indisciplina transformando su rabia también en desmanes y violencias sobre la población indígena autóctona. Dan comienzo saqueos y muertes de indígenas a manos de los españoles. Álvaro de Mendaña no se amilana en absoluto y castiga con la ejecución a algunos de los revoltosos y a su comandante Marino Manrique, cree que con este ejemplo puede poner fin al desorden en que se hallan los soldados. La situación en la que se hallan es harto crítica, las artes de Manrique han propiciado un levantamiento indígena resultando muerto el cacique local.
Los males no vienen solos y la colonia se ve afectada seriamente por una epidemia de malaria, Mendaña cae gravemente enfermo y fallece el 18 de octubre de 1595. Antes de morir propicia que Isabel de Barreto entre con fuerza en la Historia.
En su lecho de muerte, Mendaña, tiene tiempo de testar en favor de su esposa y de su cuñado Lorenzo Barreto, Isabel hereda los títulos de su esposo incluyendo el de Gobernador de las Salomón; su cuñado recibe el cargo de Adelantado del Mar Océano. A los pocos días Lorenzo Barreto fallece y en Isabel recae de rebote la recién adquirida herencia recibida por su hermano, se convierte en la nueva comandante de la expedición.
Enseguida toma las riendas de la situación y su primera decisión crucial es abandonar Santa Cruz y tratar de llegar a Filipinas. Los hombres no la toman en serio, hay que tener en cuenta que se trata de una mujer del siglo XVI, Queirós no comparte la decisión de la nueva jefa y trata por todos los medios de obstaculizar los preparativos de la inminente partida. Como la provisión de víveres es más bien escasa Isabel de Barreto toma la segunda decisión impopular, cerrar bajo llave los víveres y comenzar un severo racionamiento que pueda garantizar la singladura hasta Manila con alimentos para todos.
Queirós se destapa entonces como el opositor más férreo de la nueva comandante, el portugués recoge en un diario las vicisitudes del viaje y cada una de las referencias hacia la pontevedresa son desfavorables o claramente hostiles. La define como una persona caprichosa, autoritaria, incluso déspota y que actúa con suma crueldad contra sus hombres. Obviamente tal animadversión borra de un plumazo la supuesta objetividad del citado diario, es evidente que Queirós odia a Isabel y además pretende desacreditarla para una vez llegados a las Filipinas hacer valer los derechos que considera tiene sobre las tierras descubiertas durante la travesía en detrimento de los que ella posee al ser la única heredera de su esposo.
Si Isabel de Barreto actuó con excesiva dureza no debe extrañarnos en absoluto. Una mujer capitaneando la flotilla no es plato de buen gusto en el siglo XVI, sobretodo para una caterva de soldados pendencieros y violentos. El contexto social de la época relega a la mujer a permanecer relegada a un segundo plano, propio de los menores de Edad o de ciudadanos de segunda.

Imagen de una de las islas del archipielago salomón (Imagen en http://www.renovablesverdes.com)

Imagen de una de las islas del archipielago salomón (Imagen en http://www.renovablesverdes.com)

Es por ello que debe mostrar un carácter inflexible, hombruno si se me permite, hay quien dice que llegó a vestir atuendos masculinos para aparecer delante de los soldados. Sabe que trata con hombres que podrían acabar con su vida en un abrir y cerrar de ojos. Como mujer debe exagerar los ademanes y las formas para que acaten su autoridad.
Después de varios intentos de motín que impide enérgicamente: Señor, matadlo o hacerlo matar…y si no, lo haré yo con este machete. La única nave que sobrevive a la dura travesía, San Gerónimo, arriba a Manila en febrero de 1596 donde permanece fondeada con orden de la almirante de que ningún tripulante desembarque bajo pena de castigo. Según se desprende de las palabras de Queirós un soldado es sorprendido cuando regresa subrepticiamente de tierra firme con algo de fruta Isabel ordena ahorcarlo. Gran alboroto, palabras gruesas y negativa por parte del sargento al cargo de la ejecución; después de unos momentos de vacilación Isabel da marcha atrás en su decisión no sin antes intercambiar agrias acusaciones con Queirós.
Isabel de Barreto es recibida con todo tipo de honores inherentes a su cargo por las autoridades locales, no obstante meses más tarde debe pasar por un consejo de guerra conducente a aclarar los hechos acaecidos. En dicho consejo fueron llamadas a declarar la propia Isabel, Fernandes de Queirós y la oficialidad superviviente. No trajo consecuencias y todos salieron indemnes del trámite.
Durante su estancia en las Filipinas Isabel contrajo nuevas nupcias con el capitán de galeones Fernando de Castro con quien se supone regresa al virreinato del Perú pasado un tiempo. Lo último que se sabe de ella es que fallece en 1612 en la población peruana de Castrovirreyna. Hasta aquí llega la azarosa vida de Isabel de Barreto que se ganó a su llegada a Manila dado su indomable carácter el sobrenombre de La Reina de Saba de los Mares del Sur.

Sergio Balchada

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