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Madrugas Pedro, madrugas…le espetó el conde de Ribadavia a Pedro Álvarez de Soutomaior cuando se lo topó plantado delante de las puertas de su castillo. La leyenda cuenta que ambos señores feudales con el objeto de zanjar una disputa acerca de los límites de sus respectivos señoríos, acordaron que en cuanto cantase el gallo cada uno tomase un caballo y cabalgase sin descanso hasta encontrarse. De este modo establecerían el límite de ambos territorios. El conde de Ribadavia no tuvo en cuenta el primer canto del gallo, a medianoche, pero el de Soutomaior si. Fuese así o de otro modo no de deja de ser una anécdota que trata de plasmar o explicar la personalidad de este caballero de la Baja Edad Media gallega.
No obstante el cronista por antonomasia de este período de la Galicia medieval, Vasco de Aponte señala en sus crónicas lo siguiente: Llamánbanle Pedro Madruga, porque madrugaba mucho quando haçía sus cabalgadas. Algo que no era habitual por aquel entonces. Gustaba de realizar, si la causa lo requería, largas y duras marchas nocturnas con el fin presentarse para plantar batalla o incluso para burlar a sus enemigos; y tenía la rara disposición de emprender acciones punitivas con la amanecida aprovechando el factor sorpresa de tener al adversario aún entre las sábanas.

Castillo de Soutomaior (Arcade, Pontevedra)

Castillo de Soutomaior (Arcade, Pontevedra)

La figura de Pedro Álvarez de Soutomaior se ha ido engrandeciendo con el paso de los siglos, tejiendo en torno a su figura una aureola de tintes legendarios que posiblemente le viene dada por la época en la que le tocó nacer; pero sobretodo por los hechos que protagonizó y en algunos casos que se le atribuyen. Sus actos y actitudes también sirven para acompañar la estela de leyenda impregnando en la mentalidad popular de las comarcas que enseñoreó, debido a esto se han compuesto coplas y cantares sobre su persona:
Viva la palma, viva la flor
viva don Pedro Madruga,
don Pedro Álvarez de Soutomaior. (Massó, 1975)
Ante todo Pedro Madruga es un señor feudal de su tiempo con todo lo que esto implica. Un tiempo donde la violencia es algo cotidiano y su uso por parte de los privilegiados moneda corriente para dirimir disputas e imponerse al adversario, alcanzar poder o la propia ambición e incluso prestigio. Pedro Álvarez era todo un experto en el noble arte de la guerra. Pero a esto debemos añadir que gozaba de cumplida fama de astutro, taimado, de osado o más bien cabría asegurar que de temerario puesto que buenos ejemplos nos dejó a lo largo de su periplo vital. Nuevamente damos la oportunidad a Vasco de Aponte para que nos descubra al caballero:
Este conde era muy mañoso,y muy sutil, y muy sabio, y muy sentido en cosas de guerra. Era muy franco y trataba muy bien a los suyos, y era muy cruel con sus enemigos; y comía mucho de lo ageno. Era uno de los grandes sufridores de trabajos que havía en España toda; ni porque lluviese, ni nevase, ni elase, ni porque hiçiese todas las tempestades del mundo, no dejaría de haçer sus echos, ni daría un cornado por dormir fuera en invierno ni en casa cubierta. Donde no hallase ropa, sabía dormir ençima de una tabla. ( Aponte, 1986)

Castillo de Soutomaior (Arcade, Pontevedra)

Castillo de Soutomaior (Arcade, Pontevedra)

Pedro Álvarez de Soutomaior es hijo bastardo natural; es decir hijo nacido de padres solteros, de Fernán Yáñez de Soutomaior y aunque copn certeza no se sabe de una joven que pertenecía a su familia por la rama de los Zúñiga emparentados a su vez con los Sarmiento. Dada su bastardía no tiene acceso a auparse como cabeza de familia, es por ello que es educado para afrontar una apacible vida como coengo de la diócesis de Tui (Pontevedra). Sobre los bienes y rentas de esta diócesis catedralicia tiene precisamente su familia depositada buena parte de sus intereses y que controla por la fuerza. El mismo rey Enrique IV piensa en el como el siguiente arzobispo de Compostela. Nada apunta a que logrará encaramarse como el cabecilla del señorío. Pero lo que parece improbable se hace realidad en 1468, su hermano Alvar Páez que detenta el señorío por esas fechas testa en favor de su medio hermano cuando se ve sitiado en Tui por las fuerzas irmandiñas.
Una vez al cargo de los destinos del apellido comprueba como la situación para la nobleza gallega se torna aciaga, es incapaz de detener la revuelta de los irmandiños que anhela conseguir justicia ante los atropellos de las clases privilegiadas.
Se refugia en Portugal, lugar donde gracias a las excelentes relaciones que tiene con el rey portugués Alfonso V con el que le llegará a unir una estrecha amistad e intereses mutuos. Fruto de la citada amistad es su enlace matrimonial con Teresa de Tábora. Después de sus devaneos cortesanos Pedro Álvarez decide que ya es hora de regresar a Galicia y tomar lo que es suyo y le han arrebatado. A la cabeza de un ejército mixto de gallegos y portugueses cruza el Miño para acabar con un plumazo con la hegemonía de la Santa Hermandad, pues no hay que olvidar los triunfos obtenidos por ésta y como a merced de ellos han logrado expulsar de Galicia a la nobleza y crear un oasis sin privilegiados sobre el que está a punto de abalanzarse una terrible tormenta de revancha y acero.

Claustro de la catedral de Tui (Pontevedra)

Claustro de la catedral de Tui (Pontevedra)

En la campaña que sigue hasta la derrota total de los irmandiños nuestro protagonista se va a erigir como el estratega fundamental de la facción nobiliaria y el artífice de importantes victorias que a la postre inclinará la balanza en favor del bando en el que milita. Sirvan como ejemplo dos cruciales batallas donde contra todo pronóstico sale vencedor Pedro Álvarez de Soutomauior. La primera tiene lugar en el castro de A Framela en 1469, se apunta que pudiera situarse en Famelga, Santa María de Augasantas (Cotobade, Pontevedra). En el citado lugar concurrieron entre 4000 y 5000 irmandiños según estimaciones de Vasco de Aponte para hacer frente a un ejército de menor entidad a primera vista: Salió Pedro Álvarez de Portugal con muchos de sus vasallos que se conçertaron con él. Y con éstos y con sus amigos juntó çien lanças y dos mil peones poco más o menos. ( Aponte, 1986)
A pesar del desequilibrio de fuerzas sale victorioso del choque, a buen seguro la calidad de las tropas de uno y otro lado es una de las razones de peso del desenlace, no cabe duda de que Pedro Madruga dirige profesionales de la guerra mejor pertrechados para el oficio de matar que la heterogénea tropa de la Santa Hermandad engordada en su mayoría por campesinos mal armados e inexpertos en la materia.
Pone rumbo a Santiago de Compostela a marchas forzadas donde tendrá lugar la batalla decisiva por la cual le revuelta irmandiña se ve desbaratada. A su paso por la ciudad Pontevedra le sale al paso un contingente armado, dubitativo y posiblemente enterado de la derrota en A Framela cae en el subterfugio cavilado por don Pedro Álvarez:
…mas él (Pedro Madruga), como los vido, puso su gente en ordenança, delante de la qual para escudarse puso lanças largas y ballesteros, y en pos de ellos los cavalleros pegados a ellos, y yendo más adelante, y él acerca dellos. ( Aponte, 1986)

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Restos de las murallas de Pontevedra

Y acuerdan que lo mejor es refugiarse detrás de los muros de la ciudad dejando paso expedito al ejército del conde. Llegado éste a la ciudad apostólica y reunido con el arzobispo Fonseca y con don Juan Pimentel, el de Soutomaior agota su paciencia al escuchar las dudas y los miedos que le ofrecen sus aliados. Esgrimen que al frente de los irmandiños se halla don Pedro Osorio con cerca de 10.000 efectivos entre los que se cuentan numerosos hidalgos de toda Galicia y de la parte occidental de Asturias. Don Pedro Álvarez no parece amilanarse, todo lo contrario, exultante expresa el convencimiento de que puede vencerse tamaño ejército a pesar de la aplastante diferencia de efectivos: Aquí somos entre gallegos, portugueses y castellanos treçientas lanças;… ( Aponte, 1986)
Propone atacar con esta fuerza directamente a don Pedro Osorio, cree con certeza que si lo vencen o lo obligan a retirarse se producirá una desbandada general de las fuerzas contrarias. Antes de que sus aliados puedan siquiera contradecirle el de Soutomaior organiza una improvisada carga arengando a los soldados con grandes voces: a Don Pedro, a Don Pedro. Disimulando su aspecto con ropas sucias y de menor condición a la suya para evitar ser reconocido encabeza la cabalgada; el de Osorio y sus hombres, como había predicho don Pedro, dan media vuelta y pican espuelas lo que provoca una escalada de pánico que provoca la franca huída de la hermandad. Los muertos y prisioneros se cuentan por cientos, el desastre es total y la Santa Hermandad de Galicia es derrotada salvo pequeños núcleos de resistentes que poco a poco tendrán que ir doblegando sus voluntades.
Don Pedro Álvarez se encuentra en el cenit de su fama gracias a las brillantes actuaciones que le han llevado a la victoria, su influencia es enorme dentro del estamento nobiliar gallego. Quizás esta situación le provoque una mayor sed de poder y de control que choca frontalmente con los intereses del arzobispado de Compostela. Es por ello que Don Pedro enseguida entra a formar parte de la liga antifonseca que varios nobles gestan en el monasterio de Carboeiro en 1471. Así el deseo de controlar el sur de la actual provincia de Pontevedra le lleva a tomar por la fuerza rentas y ciudades que nutren al arzobispado como es el caso de la ciudad de Pontevedra. Esta delicada situación sume una vez más en la violencia de una guerra privada entre dos grandes señores feudales, por un lado el arzobispo de Santiago Alfonso de Fonseca y Acevedo y por otro a Pedro Álvarez de Soutomaior Pedro Madruga Vizconde de Tui por concesión de Enrique IV y Mariscal de Baiona (éste último autoimpuesto por el propio noble). La rivalidad entre ambos se acrecienta y la inquina del arzobispo contra el conde también medra; Don Pedro Álvarez se muestra como un guerrero incansable, diestro, que siempre va un paso por delante y desbarata cada una de sus iniciativas. La guerra entre ambos concede al fin una tregua en 1474, el arzobispo se ve en la obligación de firmar una paz humillante que ofrece a su adversario en bandeja el control del sur la actual provincia de Pontevedra así como también importantes concesiones y rentas de las que venía disfrutando en la zona la mitra compostelana. De hecho aprovechando la coyuntura se impuso también al obispo de Tui, Diego de Muros, al que obligó a cederle rentas y señoríos del obispado que pasó a disponer a su libre albedrío.

Alonso de Fonseca y Acevedo (Fotografía tomada de https://es.wikipedia.org/wiki/Alonso_de_Fonseca_y_Acevedo)

Alonso de Fonseca y Acevedo (Fotografía tomada de es.wikipedia.org/wi/)

A finales de ese mismo año una nueva contienda viene a colocar frente a frente a los viejos enemigos, en diciembre fallece Enrique IV y da comienzo la guerra de sucesión entre Isabel y Juana La Beltraneja. Pedro Madruga apoyado por Alfonso V de Portugal apoya decididamente la causa de la beltraneja. En esta tesitura el monarca luso le nombra conde de Caminha.
El nuevo escenario brinda una nueva oportunidad de proseguir dirimiendo las diferencias entre el arzobispo y el flamante conde de Caminha. Mas este renovado conflicto no depara fortuna a Fonseca que una vez más debe firmar unas treguas en Pontevedra con el de Soutomaior. Parece que al arzobispo no se le da bien lidiar con Pedro Madruga.
Las tornas cambian en 1477. Don Pedro Álvarez de Soutomaior es tomado prisionero por el conde de Benavente, permanece privado de libertad hasta la primavera de 1478 momento en el que intervine su buen amigo, el rey portugués, que organiza su intercambio por dos caballeros castellanos.
A su regreso pudo comprobar muy a su pesar que lo alcanzado en años precedentes se había perdido a manos de Fonseca y los isabelinos. Además el arzobispo había pergeñado una línea de fortalezas de nuevo cuño para un mejor control del díscolo conde en el corazón del señorío. Entre todas éstas destaca la fortaleza de Castriçan erigida en la cima del monte conocido como A Penada do Viso; tan próximo al castillo de Soutomaior, cabeza de los estados de Pedro Álvarez, que no permitía que nada se moviese en la contorna o escapase a sus ojos. En un nuevo alarde de astucia y osadía el conde de Caminha recuperó parte de la fortalezas perdidas y derrocó las nuevas. Sin duda el derrocamiento de Castriçán define una vez más la sutileza y la astucia desplegada por Pedro Madruga en las artes bélicas. Armado de paciencia acudió varias noches durante un largo período de tiempo, observando la fortaleza, estudiando sus puntos flacos y posiblemente también a la gente que la guarnecía. Cuando hubo hecho acopio de la información suficiente se decidió a actuar y Castriçán fue rendida (Un relato pormenorizado de este hecho se encuentra en otro artículo del presente blog https://elgajedeloficio.wordpress.com/2014/10/10/castrizan-que-noramala-sea/). A partir de este momento dio comienzo una vorágine de cabalgadas, saqueos, muertes que parecía no iban a tener fin.
¿Por qué Pedro Álvarez de Soutomaior tenía tanto éxito en sus cabalgadas? La respuesta sencillamente estriba en que sabía rodearse de hombres competentes y leales, excesivamente leales a su persona y a su linaje. Pedro Madruga los valoraba, la largueza con la que los recompensaba era extraordinaria el mismo celo que imprimía en acabar con sus enemigos lo aplicaba dándole la vuelta con los suyos. Hombres competentes y curtidos en la guerra entre los que destaca su capitán Paio Beloso a la sazón también merino de la fortaleza de Soutomaior. A su lado en la mayor parte de las acciones de guerra o encabezando otras en las que su señor no podía intervenir.
Hombres capaces de hacer realidad la máxima de su señor Madruga: El que buen cavalo ha, sepalo bien cabalgar (Massó, 1975). Para así soportar largas y vertiginosas jornadas a caballo, agotadoras a buen seguro para hacer acto de presencia allí donde a su señor le convenía para sus intereses.
Don Pedro disponía además de un completo servicio de oteadores que al igual que las futuras alarmas que en el siglo XIX advertían de los movimientos de los ejércitos franceses, eran sus ojos para conocer si sus enemigos campaban por sus pagos. Estas alarmas fueron las responsables de que cayese en manos del conde uno de sus mayores enemigos: García Sarmiento, señor de Sobroso e hijo primogénito de Diego Sarmiento. La familia de los Sarmiento tiene ya a estas alturas un largo y convulso historial de violencias y desafueros con los Soutomaior.

Castillo de Sobroso (Vilasobroso, Mondariz, Pontevedra)

Castillo de Sobroso (Vilasobroso, Mondariz, Pontevedra)

La razzia de García Sarmiento sobre los estados de su enemigo transcurría de forma favorable, no había rastro de las huestes de don Pedro. Algunos de sus mesnaderos estaban inquietos, aseguraban haber visto en lo alto de alguna loma, entre la floresta hombres que los vigilaban estrechamente. Temían que de un momento a otro cayesen en una celada. El señor de Sobroso hacía oídos sordos a tales palabras, estaba ufano con el transcurso de la jornada y no creía que el conde de Caminha tuviera todavía nuevas de sus andanzas. Obviamente se equivocaba.
Al grito de Sotomayor, Sotomayor, a ellos, a ellos cayeron sobre ellos como una tromba matando a todos los que tratabn de defenderse o huir. En vista de la masacre que se desarrollaba a su alrededor García Sarmiento optó por poner tierra de por medio y tratar de llegar a la fortaleza de Sobroso. Junto a uno de sus escuderos resuelven ocultarse en un bosque, allí se afanan en despojarse de las armaduras quizás para correr más ligeros o bien para pasar más desapercibidos. De nada les sirvió, un caballero al servicio de Pedro Álvarez llamado Vasco Falcón dio con ellos: y llevolos presos al conde; el qual por esto le dio diez cargas de pan de renta para toda la vida ( Aponte, 1986). He aquí unh ejemplo de la largueza de la que hablábamos anteriormente.
Los Reyes Católicos acosados por las quejas y requerimientos de los agraviados por el conde de Caminha decidieron acabar de una vez por todas con la situación y hacer entrar en el redil al noble gallego, además suponía un serio peligro como valedor de la política portuguesa en un lugar tan sensible como la frontera. Para ello enviaron a Galicia a Fernando de Acuña en calidad de Gobernador y Justicia Mayor de Galicia. A partir de entonces el declive de Pedro Álvarez de Soutomaior es real y tangible. A la ofensiva militar de sus enemigos y del nuevo Justicia mayor hay que sumar la puñalada recibida esta vez desde dentro por su familia más cercana. Mediante una maniobra política ideada por su esposa Teresa de Tavora y su primogénito Álvaro con la anuencia de los Reyes Católicos el conde de Caminha fue despojado de títulos, posesiones y prebendas en favor de Álvaro, que muy pronto con una partida de hombres se hizo con el control de la fortaleza de Soutomaior.
Acorralado y sólo a Pedro Madruga no le queda más que la opción de congraciarse con la corona y recuperar aquello que le pertenece. Buscó valedores entre su familia en Castilla, el duque de Alba se ofreció pues a mediar con los reyes en su persona. Mientras el duque negocia el conde gallego se refugia en Alba de Tormes, concretamente en el monasterio de San Leonardo el desenlace de la entrevista. Ésta no prospera, los reyes no están por la labor de perdonar los desafueros de don Pedro.
A partir de aquí el destino de Pedro Álvarez de Soutomaior es una incógnita, la última noticia que de su persona aporta Vasco de Aponte es la que acabamos de relatar. Fuese como fuese en este monasterio desaparece su rastro bien porque fallece a causa de una enfermedad, o tal vez ajusticiado por orden de los reyes.
…unos diçen que fue de una manera y otros diçen que fue de otra; quiça fue de entrambas maneras. ( Aponte, 1986)

FUENTES

  • Aponte, Vasco de, Recuento de las Casas Antiguas del Reino de Galicia. Santiago de Compostela, 1986.
  • Massó, Gaspar, Pedro Madruga de Sotomayor caudillo feudal. Colleción Bibliófilos gallegos, Nº 15, santiago de Compostela, 1975.
  • Suso. A casa de Soutomaior (1147-1532). Toxosoutos, 2010.

Sergio Balchada

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