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Los últimos de A Lanzada protagonizan un hecho similar, salvando las distancias; que siglos más adelante protagonizan a su vez los conocidos como los últimos de Filipinas. Y quiero recalcar bien salvando las distancias, puesto que las circunstancias y sobretodo el final de la historia que pretendemos relatar difieren de lo ocurrido en 1898.
Primero debemos trasladarnos a la Galicia del siglo XV y para contextualizar los hechos todavía mejor, a los años en que la Santa Irmandade somete a su ímpetu justiciero lo más granado de la nobleza gallega, esto es entre 1467 y 1469. Es el tiempo de la segunda revolta irmandiña, el momento en que los gorriones hacen realidad su voluntad sobre los halcones.

Recreación de irmandiños (Tomado de https://es.pinterest.com)

Recreación de irmandiños (Tomado de https://es.pinterest.com)

Hartos de los desmanes de la nobleza y de la arbitrariedad de sus acciones,así como de las continuas guerras privadas para ver saciada su codicia; el tercer estado acude al rey Enrique IV a solicitar permiso para la creación de una Santa Hermandad que les permita protegerse, dar cumplido final a la inseguridad y al menoscabo de la justicia. El monarca accede a tales requerimientos.
La rabia, el odio acumulados obran lo que resta para que una vez organizados y con la ley real en la mano el pueblo se lance a derrocar toda tipo de torres y casas fuertes que además de simbolizar el poder del noble, en el imaginario popular está bien presente que detrás de sus muros se esconden los malfechores responsables del estado de inseguridad que vienen sufriendo.
Una de las fortalezas atacadas por los irmandiños es precisamente la de A Lanzada situada en la parroquia de Noalla (Sanxenxo, Pontevedra) junto a la playa del mismo nombre. Originalmente es erigida en el siglo X por orden de obispo compostelano Sisnando para defender la costa de las incursiones normandas. En el momento que nos ocupa y antes del paso de los irmandiños presenta el siguiente aspecto:
…que tenia una bara de casa alta e almenada e de sus quatro hesquinas e que tenia de dos para tres sobrados e se andaba por ençima la qual dize el dicho testigo que hera fecha d’argamas e que la çercava el mar e tenia una puente lebadiça que se alçaba e que no habia en ella mas que la dicha bara de casa…(Rodriguez González, Ángel 1984).

Ruinas de la torre (Fotografia de www.panoramio.com)

Ruinas de la torre (Fotografia de http://www.panoramio.com)

A tenor de lo expuesto la fortaleza no debe ser precisamente sencilla de tomar y de ello da fe que el ejército irmandiño se aplique en tal empeño durante cinco días y sólo consienta doblegarlo desde el mar a tiros de lombardas. Una vez en su poder la Santa Hermandad procede como es habitual a derruirla para que a partir de entonces no pueda acoger en su seno a hombres armados y la abandonan.
En 1469 cambian las tornas. El ímpetu de las acciones de los irmandiños y el uso por su parte de métodos expeditivos, han aconsejado a los grandes nobles a abandonar sus estados y hasta Galicia para no ver comprometida la integridad de sus vidas. Durante dos años el antiguo reino de Galicia vive sin nobles, gobernado por la Santa Hermandad. Como se ha dicho, en 1469 los halcones se toman la revancha y regresan al frente de fuertes ejércitos, olvidadas las viejas rencillas en pro de aplastar al enemigo común, ese que los había humillado y echado a patadas del calor de sus hogares.
Los soldados profesionales se imponen con suma facilidad a un ejército que aunque es muy numeroso adolece de una composición prácticamente miliciana. Desbaratados militarmente dos de sus más ilustres jefes, Pedro Osorio y Diego de Lemos, se pasan a la facción nobiliaria mientras que Alonso de Lanzós es tomado prisionero por hombres del arzobispo Alonso II de Fonseca. El ejército irmandiño se ve pues reducido a pequeñas bandas y focos de resistencia que irremediablemente van siendo desbaratados.
De este modo los restos de la fortaleza de A Lanzada se convierte en uno de estos focos de irreductibles hermanados; de la ciudad de Pontevedra acuden a ocuparla …un onbre (…) que se dezia Juan Garçia da Barca e Juan Garçia Chichontes. (Rodriguez González, Ángel 1984). Con ellos traen entre 20 y 30 hombres, levantan una empalizada dentro de la torre y refuerzan el acceso a la fortaleza levantando así mismo un precario muro de piedras …por donde desbiaban el camino que no entrasen con ellos (Rodriguez González, Ángel 1984).

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Panorámica de la isla donde se situaba la fortaleza. Fotografía cedida por Felipe Agra Recamán

Advertidos de la presencia de los ocupantes escuderos del arzobispo y de Pedro Álvarez de Soutomaior acuden a desalojarlos, parece ser que en un primer momento los escuderos instan a que depongan su actitud; sin atender a tales palabras da Barca y Chinchontes cargan contra ellos hiriendo a dos y matando a un tercero. El resto pone pies en polvorosa y se refugian en Fafiñanes; en la cercana población de Cambados (Pontevedra); el actual pazo del mismo nombre data del siglo XVI mas no es descabellado que con anterioridad en dicho solar o solar cercano existiese algún tipo de casa fuerte adonde pudieron correr a buscar protección los derrotados. Tal como fuere, en el antedicho lugar conocido como Fafiñanes los nuevos moradores de A Lanzada capturaron a dos de los escuderos, los conducen a Pontevedra donde los ahorcan sin ningún tipo de miramiento. Craso error.
Enterado Pedro Álvarez de Soutomaior, más conocido como Pedro Madruga, no tarda en presentarse en el lugar con aquel henojo junto a Tristán de Montenegro, Fernán Dianes y Pedro Arias de Aldán. Pedro madruga no es precisamente un caballero comedido que pasa por alto tamaña afrenta a su casa, legendarias son su osadía, astucia y por que no decirlo así, su mala leche.
A la llegada de los caballeros nombrados permanecen en el interior de la torre Juan Garçia da Barca con entre 7 y 8 hombres. Éstos parecen resistir con bravura los embates de los nobles allí congregados en busca de venganza y el combate se enquista sin que los de fuera consigan sus propósito. No sabemos cual fue el precio pactado, o quizás las promesas vertidas al oído con palabras de miel; el caso es que uno de los de dentro adopta el papel de Judas y vende a sus camaradas de armas: …y los tomaran porque los bendiera uno de los questaban de dentro…(Rodriguez González, Ángel 1984). Dos de ellos fueron ahorcados en el mismo lugar, a buen seguro los cabecillas de la banda, el resto mueren alanceados.
El arzobispo Fonseca en previsión a que aquellas ruinas pudiesen volver a causarle problemas ordena …a un hescudero de Noia que s e dezia Jorge Perez derrocase la dicha fortaleza porque no se acogiesen en ella mas gente como lo habian fecho…
La resistencia irmandiña muere entre aquellas piedras derrocadas testigos del trágico final de los últimos defensores de A Lanzada.

  • Fuentes Utilizadas
  • Boga Moscoso, Ramón. Guía dos castelos medievais de Galicia, Edicións Xerais, 2003.
  • Couselo Bouzas, José. La Guerra Hermandina, Siglo XV. Editorial Maxtor, 2003.
  • Barros, Carlos. Revuelta de los irmandiños. Los gorriones corren tras los halcones,
  • Historia de Galicia, fascículo nº 24, Vigo, Faro de Vigo, 1991
  • Rodríguez González, Ángel. Las Fortalezas de la Mitra Compostelana y los “Irmandiños”, Tomos I y II, Galicia Histórica, 1984.

Sergio Balchada

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