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Este artículo lo publiqué originalmente en el blog de la Asociación Lubakikoak (http://lubakikoak.com) el 03/06/2015.

A partir de los años 20 se instala en la vecina población de Pasaia una importante colonia de marineros gallegos. Nace así el barrio pasaitarra de Trintxerpe y con él el sindicato Avance Marino integrado en la CNT y donde los pescadores galaicos van a aglutinar fuerzas en contra de las terribles condiciones laborales de las que son víctimas.

En mayo de 1936 los trabajadores del mar del puerto de Pasaia inician una huelga que se enquistará ante la negativa de la patronal a ceder ni un ápice en las demandas de sus asalariados y la negativa de éstos a reincorporarse a sus puestos de trabajo.

Por aquel entonces, solicitaban los marineros 375 pts. al mes, con una gratificaciónde 50 pts. para los que iban a los caladeros más lejanos, en razón de la subida de un 3% en los precios de las subsistencias; Bolsín de Trabajo establecido y controlado por los sindicatos, para terminar con los favoritismos y la especulación con el empleo; incremento de las tripulaciones de los bous y de las parejas, para reducir las jornadas laborales que estaban entre las 15 y las 18 horas; cumplimiento efectivo de los descansos; un mes de vacaciones pagadas; mejora de las condiciones sanitarias,de seguridad y de habitabilidad de los barcos…1

La huelga se mantiene todavía activa a mediados de julio cuando las guarniciones africanas se sublevan contra el gobierno.

El día 18 de julio Miguel González Inestal, secretario del sindicato trintxerpetarra, acude al Gobierno civil a reunirse con el gobernador Jesús Artola Goicoechea con el que está negociando el fin de la huelga; la entrevista es interrumpida por el coronel León Carrasco, a la sazón jefe militar de la provincia. El coronel asegura que su lealtad y la de sus hombres están con el gobierno constituido en las urnas. Una vez el coronel abandona el despacho de Artola, Inestal telefonea a la sede del sindicato Avance Marino la consigna es que se preparen para lo que pueda suceder.

En Pasaia el sindicato Avance Marino comienza a movilizar a sus gente y se forman patrullas armadas que se sitúan en puntos estratégicos de la población con la tarea de pedir la documentación y detener y registrar los coches que circulan por la calzada. También acuden a Rentería gentes de Trintxerpe en labores de vigilancia y cacheo:

Pescadores en una lonja de Pasaia (archivo Kutxa Fototeka)

Pescadores en una lonja de Pasaia
(archivo Kutxa Fototeka)

El foco principal fue Trincherpe, un barrio de Pasajes, y costó cierto tiempo reducirlos a la impotencia. (…). Honradamente he de decir que en Rentería, aparte de crear una situación de inseguridad, atemorizar a honrados ciudadanos y pedir documentación, no hicieron nada más. Sin embargo crearon un ambiente sumamente desagradable.2

El palacio de Salinas es incautado por los gallegos pasaitarras y en el se instala una fábrica de explosivos.3 En los talleres Luzuriaga y Torrea de Pasajes San Pedro4 se blindaan camiones para enviar al frente. Estos blindados artesanales no eran más que camiones o camionetas recubiertos de planchas de metal, a las que se practicaban unas aberturas por las cuales sacar el cañón de los fusiles y la correspondiente para el conductor. Uno de estos blindados partió de Pasaia el día 22 de julio en dirección a Tolosa en una descubierta; en la carretera se topan con una avanzadilla enemiga y en la refriega éstos últimos salen victoriosos. Sus tripulantes fueron fusilados in situ5 al socaire de la “justicia caliente” que se aplicó rigurosamente en ambos bandos durante el verano del 36.

Desconocemos cuantos milicianos ocupaban el camión, al menos sabemos que uno de ellos se llamaba Manuel Gil García e ingresó cadáver el mismo día 22 en el Hospital Civil de Pasajes. Era vecino de Trintxerpe donde se ganaba la vida como marinero, pero natural de Marín (Pontevedra) y tenía 31 años.6

Con la cercanía de los cuarteles de Loyola donde la tropa permanecía acantonada, la capital gipuzkoana no podía respirar tranquila. Por otro lado, las fuerzas civiles afines a la sublevación comienzan a reunirse en el interior del Buen Pastor la madrugada del día 19 en espera de los militares que habían prometido armarlos.

Esa misma madrugada el coronel Carrasco se ve sitiado por grupos de izquierdistas armados en el edificio del Gobierno Militar; sin saber muy bien cómo alguien abre fuego contra el edificio y se entabla un intercambio de disparos. El coronel telefonea al Gobierno Civil informando del ataque y reiterando su adhesión al gobierno de la República. El tiroteo arrecia y esta vez el militar telefonea a los cuarteles solicitando refuerzos. En su auxilio parten dos blindados bajo las órdenes del teniente Leoz; la columna de socorro es recibida a tiros a su paso por el Boulevard siendo alcanzado mortalmente un soldado.7 Ante la ausencia de Carrasco el teniente coronel Vallespín intenta convencer a la oficialidad que permanece dubitativa pero no logra su objetivo frustrando así que tomen la iniciativa y se hagan con la ciudad fácilmente.

El nerviosismo crece entre los elementos civiles comprometidos con la trama golpista; la mañana del 19 todavía continúan aguardando que los militares se subleven; las patrullas de izquierdistas armados no les auguran un futuro prometedor si son identificados. Que los militares no van a acudir a la cita se hace evidente; por lo tanto deciden abandonar el Buen Pastor, algunos acuden a los cuarteles; otros en cambio tratan de enlazar con las columnas de requetés que avanzaban hacia la capital o en su defecto alcanzar la muga con Navarra.

A lo largo de ese día las milicias prosiguen estableciendo controles de vigilancia y el cuartel de la Guardia de Asalto de “La Brecha” es acometido para hacerse con las armas que hay en su interior.

El día 20 de julio el Comandante del Estado Mayor Augusto Pérez Garmendia arriba a Donostia, va camino de Oviedo tras conocer las noticias en su lugar de vacaciones en Francia, para presentarse ante el general Aranda su inmediato superior. Los responsables del Frente Popular le proponen su inclusión como jefe militar de las milicias populares; la carestía de mandos competentes era alarmante. Pérez Garmendia acepta el puesto y una de las primeras medidas que se adoptan es la formación de una columna que se dirija a Vitoria donde el alzamiento ha triunfado, uniéndose previamente a otra columna de Eibar que debe llevarles armas. Junto a esta tropa miliciana se quiere reforzar la expedición con soldados del cuartel de Loyola. Carrasco promete colaborar con una compañía y baterías. Ordena al teniente Presilla que se haga cargo de preparar una compañía de Zapadores y 2 baterías de 155 mm; y que se una la mañana del 21 con la columna.8

En la columna se quiere incluir tanto a los gallegos de Trintxerpe como a los que han llegado huyendo de su tierra en barco después de enfrentarse en vano contra los sublevados. A los primeros se les temía por su condición de anarquistas de armas tomar; a los segundos por las noticias que traían de la brutal represión desatada en Galicia y que iban exaltando los ánimos.

Entre otras ventajas que nos proporcionaba la expedición, era una de ellas la de retirar de la ciudad, del puerto y de la frontera a unos cuantos cientos de gentes extrañas al País, singularmente gallegos, que imprimía un sello de violencia exótico e inconveniente a nuestra causa, que era la defensa de la República (…)Realmente controlábamos mal a aquellos grupos armados, extraños y pintorescos que daban un tinte extraño a la amable vida guipuzcoana y al carácter y maneras de producirse del país.9

A pesar de la alarma suscitada no se conocen actos de vandalismo o asesinatos perpetrados por los anarquistas gallegos.

El 21 a las 10 de la mañana la columna compuesta por 60 camiones inicia la marcha sin que los militares hayan hecho acto de presencia. El teniente coronel Vallespín presenta una serie de evasivas excusando la presencia del contingente de militares; no obstante añade que tan pronto puedan saldrán a reunirse con las milicias. Si hacemos caso a las cifras manejadas por Manuel de Irujo en sus memorias, la columna estaba integrada por alrededor de 5000 milicianos donde “tal vez una mitad aproximada, hablaban castellano con tono gallego.”10 La marcha de los camiones por las calles iba acompañada de gritos revolucionarios y banderas rojinegras; en verdad debió de ser un espectáculo que puso los pelos de punta a los sectores conservadores de Donostia.

Vacía la ciudad de considerables fuerzas izquierdistas Vallespín consigue hacer valer su criterio y declara el Estado de Guerra en toda la provincia. Asegura las alturas inmediatas a los cuarteles asegurando al mismo tiempo los accesos desde la ciudad. En Ametzagaña sitúa 2 piezas de 155 MM y despliega una compañía al mando del capitán Álvaro Padilla que también ocupa el manicomio de Uba. En el cementerio de Polloe y el convento de las Hermanitas de la Caridad se despliegan 100 hombres a cuyo frente está el capitán Miquel; entre esta tropa hay tiradores de elite. 11

Una de las barricadas en el barrio de Amara (CDMH Salamanca, fondo Erich Andres)

Una de las barricadas en el barrio de Amara
(CDMH Salamanca, fondo Erich Andres)

Vallespín telefonea al Gobierno Civil e insta a las autoridades a que se rindan bajo amenaza de bombardeo de la ciudad.12En la ciudad la actividad es febril y se comienzan a montar las primeras barricadas en los accesos a la ciudad y en las bocacalles de las principales arterias de la ciudad. Esa noche el comandante Velasco, siguiendo el curso del Urumea llega hasta el puente de Hierro con 2 blindados y una heterogénea tropa de soldados, guardias civiles, guardias de asalto y carabineros.13 La ciudad los recibe con las calles sumidas en la completa oscuridad, dudan; temen una emboscada. El capitán Velasco regresa sobre sus pasos.

Así llegamos a la madrugada del 22 de julio. El capitán de artillería Joaquín Arana sobreviene sobre la ciudad con 800 hombres entre soldados, fuerzas del orden y paisanos pertrechados con correajes y uniformes; un blindado y morteros.14 Los rebeldes penetran por el barrio de Amara y progresan por las calles Urbieta y Prim; las primeras escaramuzas tienen lugar en las inmediaciones del teatro de Bellas Artes con elementos de la CNT que se van replegando hacia la calle Larramendi donde se ubican los locales del sindicato y se han levantado barricadas. Es en esta zona donde la CNT articula un entramado defensivo apoyándose en los citados locales; en las escuelas de Amara y en las azoteas de los edificios de la manzana15 que resultó eficaz y detuvo el avance de los rebeldes. Los combates se enquistan durante toda la mañana, por momentos revistan cotas de una dureza sorprendente; el control de las azoteas desde las que los anarquistas lanzan explosivos caseros es crucial para el desenlace del combate; se reciben refuerzos por parte de elementos comunistas y socialistas que no acaban de decantar la balanza hacia el lado de las milicias.

En el éxito de la enconada resistencia de los combates tuvo mucho que ver el sindicato Avance Marino; hasta en dos ocasiones se desplazó Félix Liquiniano al local del sindicato procurando en su primer viaje “Algunas botellas incendiarias y algunos cartuchos de dinamita con la mecha preparada.”16 Una vez agotado el arsenal, Liquiniano regresa a Trintxerpe donde es testigo de la febril actividad que las mujeres de los pescadores tienen entre manos: “las mujeres continúan afanándose unas en la elaboración de explosivos rudimentarios; mientras otras se dedican a las labores de recolección de botellas para llenar de gasolina.”17

Mientras los combates se suceden en la calle Larramendi, una porción de la columna rebelde se desgaja del grueso y toma posiciones en los jardines de la estación del Norte, situando una ametralladora al final de la calle Iztueta la que mantiene en jaque durante horas a las fuerzas populares que se mueven por los accesos al barrio de Atotxa.18

Bibliografía

  • Aguirregabiria, Josu M.; Tabernilla, Guillermo. El Frente de Álava. I Parte. De la Sublevación a Vísperas de la Batalla de Villarreal. Bilbao, 2008.
  • Azurki, Aitor. Maizales Bajo la Lluvia. Testimonios de los Últimos Gudaris y Milicianos de la Guerra Civil en Euskadi. Irún, 2011.
  • Barruso Barés, Pedro. Verano y Revolución. La Guerra Civil en Guipúzcoa. Donostia, 1996.
  • Chiapuso, Manuel; Jiménez de Aberasturi, Luis Mª. Los Anarquistas y la Guerra en Euskadi. San Sebastián, 2009
  • De Irujo, Manuel. “La Guerra Civil en Euzkadi antes del Estatuto”. Madrid, 1978.
  • Estévez, Xosé; Otaegui, Marta. Protagonistas de la Historia Vasca (1923-1950). Ciclo de mesas abiertas 21-31 de mayo de 1984. San Sebastián, 1985.
  • Ibarzabal, Eugenio. Koldo Mitxelena. Donostia, 2001.
  • Muñoz Echabeguiren, Fermín. San Sebastián. Los Años Trágicos. 1934-1936-1939. Donostia, 2006.
  • Pereira, Dionisio. Loita de Clases e Represión Franquista no Mar (1864-1939). Vigo, 2010.
  • Pereira, Dionisio. El Trintxerpe Republicano: Génesis de la Denominada “Quinta Provincia Gallega”. Revista de Estudios Marítimos del País Vasco, nº5, pp. 737-743. Donostia, 2006.
  • Portugal Arteaga, Xavier. Pasaia 1931-1939. La Memoria de los Vencidos. Pasaia, 2007.
  • Tabernilla, Guillermo; Lezamiz, Julen. Cecilia G. De Guilarte, Reporter de la CNT. Bilbao, 2007.
  • Talón, Vicente (Dir.). Vizcaya, Guipúzcoa, Álava. La Hora de la Verdad. En Memoria de la Guerra en Euzkadi, nº13; extras Defensa, Nº 39. Madrid, 1978.

Otras Fuentes

  • Hemeroteca de Koldo Mitxelena Kulturunea
  • Entrevista al miliciano comunista Mateo Balbuena el 03/06/2010.

1 Pereira, Dionisio. El Trintxerpe Republicano: Génesis de la Denominada “Quinta Provincia Gallega”. Revista de Estudios Marítimos del País Vasco, nº5, pp. 737-743. Donostia, 2006.

2 Ibarzabal, Eugenio. Koldo Mitxelena. Donostia, 2001.

3 Carballo Quiroga, Jesús. Memorias. Inéditas.

4 Carballo Quiroga, Jesús. Memorias. Inéditas.

5 Ibidem.

6 Pereira, Dionisio. Loita de Clases e Represión Franquista no Mar (1864-1939). Vigo, 2010.

7 Se trata del ingeniero Sangenís, en Talón, Vicente (Dir.). Vizcaya, Guipúzcoa, Álava. La Hora de la Verdad. En Memoria de la Guerra en Euzkadi, nº13; extras Defensa, Nº 39. Madrid, 1978.

8 Tabernilla, Guillermo; Lezamiz, Julen. Cecilia G. De Guilarte, Reporter de la CNT. Bilbao, 2007.

9 De Irujo, Manuel. “La Guerra Civil en Euzkadi antes del Estatuto”. Madrid, 1978. Desde el principio de la contienda la máxima preocupación del PNV fue la de mantener el orden en retaguardia y no permitir desmanes.

10 De Irujo, Manuel. “La Guerra Civil en Euzkadi antes del Estatuto”. Madrid, 1978. Esta cifra que nos da Irujo se antoja hinchada por el autor; o bien fue tanta la impresión que le causó el desfile de los 1800 milicianos reforzados con 1 secc. De la guardia civil y otra de carabineros, esta última estimación en: Aguirregabiria, Josu M.; Tabernilla, Guillermo. El Frente de Álava. I Parte. De la Sublevación a Vísperas de la Batalla de Villarreal. Bilbao, 2008

11 Talón, Vicente (Dir.). Vizcaya, Guipúzcoa, Álava. La Hora de la Verdad. En Memoria de la Guerra en Euzkadi, nº13; extras Defensa, Nº 39. Madrid, 1978. estos tiradores de elite estaban casualmente de paso por los cuarteles camino de un concurso de tiro entre regimientos. Pronto se revelarían muy eficaces.

12 De hecho Vallespín ordena a las piezas de Ametzagaña que disparen al mar. La impresión debió ser enorme ya que del Gobierno Civil salieron a la carrera los responsables del Frente Popular.

13 Barruso Barés, Pedro. Verano y Revolución. La Guerra Civil en Guipúzcoa. Donostia, 1996.

14 Tabernilla, Guillermo; Lezamiz, Julen. Cecilia G. De Guilarte, Reporter de la CNT. Bilbao, 2007.

15 Chiapuso, Luis Mª; Jiménez de Aberasturi, Manuel. Los Anarquistas y la Guerra en Euskadi. San Sebastián, 2009

16 Ibidem.

17 Ibidem.

18 Muñoz Echabeguiren, Fermín. San Sebastián. Los Años Trágicos. 1934-1936-1939. Donostia, 2006.

Sergio Balchada

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