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El 3 de abril de 1367 Enrique de Trastámara se enfrenta una vez más a su medio hermano Pedro I de Castilla en una batalla con tintes de decisiva que tiene lugar en las cercanías de Nájera (La Rioja). Apoyado el de Trastámara por las temibles Compañías Blancas, mercenarios comandados por el bretón Bertrand Du Guesclin; su hermanastro Pedro cuenta con un poderoso aliado, Eduardo de Woodstock apodado El Príncipe Negro y su ejército.

Venció el rey Pedro en aquella sangrienta jornada, Enrique abandonó este lado de los Pirineos a uña de caballo mascando posiblemente una futura revancha. Dueño de la situación en Castilla don Pedro deja caer el duro brazo de la justicia sobre los caballeros que han apoyado a su odiado hermanastro y han sido capturados. Eduardo de Woodstock horrorizado deja patente al rey castellano su malestar ante las ejecuciones de prisioneros y le apura para que abone cuanto antes lo que le adeuda por la contratación de sus hombres que tan buenos resultados han demostrado y que pueda tomar posesión ya de los territorios que don Pedro le ha ofrecido también como parte del pago[1].

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Estatua orante de Pedro I de Castilla (Fotografía tomada en https://es.wikipedia.org)

Quizás premeditadamente el rey se demora en cumplir lo acordado absorto en aplicar su justicia a los derrotados. El Príncipe Negro harto de las largas y requiebros del monarca castellano toma a su ejército y abandona Castilla, corre el mes de agosto de 1367.

Don Pedro pierde una parte importante de su ejército a la sazón que un poderoso aliado; esto provoca que Castilla quede aislada dentro del juego político internacional que gravita en torno a la conocida como la Batalla de los Cien Años. La oportunidad la ve entonces Enrique de Trastámara servida en bandeja, sin dilación llama a su lado a las Compañías Blancas de Du Guesclin así como también a los caballeros castellanos afines a su causa. Don Enrique penetró en Castilla y casi sin encontrar resistencia se hizo con la mitad del reino. La guerra se desarrolló durante 1368 hasta que llegamos a la fecha del 23 de marzo de 1369.

E partió el rey don Enrique de Orgaz, e luego sopo cómo el rey don Pedro pasara por el campo de Calatrava, e que era cerca de un logar e castillo de la orden de Santiago que dicen Montiel, e que la compaña que con él viniera era ésta: Fernando de Castro, e los concejos de Sevilla,…[2]

 

Don Pedro va a la cabeza de un ejército para encontrar y enfrentarse al enemigo y acabar de una vez por todas con la vida de su medio hermano. El atardecer del día 14 de marzo el rey toma la decisión de hacer noche en Montiel, mientras el se aposenta en el citado castillo de Montiel o de la Estrella, erróneamente, don Pedro determina dispersar a su tropa por las aldeas y pueblos cercanos para que hagan noche. Enterado Enrique de la situación de las huestes contrarias se lanza contra el castillo aprovechando la ventaja de la que dispone; la victoria es indiscutible; aplasta literalmente al ejército de don Pedro que apenas dispone de tiempo para reaccionar y mucho menos para agruparse y formar para defenderse con garantías. Don Pedro se refugia con sus leales tras os muros de la fortaleza, sitiado por su medio hermano, en una ratonera que el mismo se ha construido.

El rey está desesperado, ve peligrar su vida y su corona y es el momento de tomar disposiciones desesperadas. Manda llamar a Fernando de Castro y a Men Rodríguez de Sanabria encargando a este último que entable contacto con Bertrand Du Guesclin y éste acceda a facilitarles la huída. Suponemos que en el ánimo del monarca prevalece la máxima por la cual si ofrece a un mercenario un jugoso estipendio éste trocará sus lealtades. El caballero se entrevista con Du Guesclin, las prebendas prometidas parecen del agrado del bretón y accede a preparar un plan de fuga que incluye monturas que les permitan poner tierra de por medio. Acuerdan que esa misma noche se hará.

El 23 de marzo por la noche, a la hora convenida cuatro sombras furtivas abandonan la seguridad de los muros del castillo, son el rey junto al conde de Lemos[3], Men Rodríguez de Sanabria y Diego Gaonzález[4]. Du Guesclin les conduce a través del campamento enemigo a su tienda donde deberán aguardar a las monturas. Acceden al interior de la tienda confiados y allí se destapa la celada. Dejemos que nos lo cuente Pedro de Ayala:

E luego que alli llego el rey don Pedro, e tardava en la posada de moceen Beltrán, commo divho avemos, sopolo rl rey don Enrique que estava ya aperçebido e armado de todas sus armas e el baçinete en la cabeça, esperando este fecho, e vino alli armado, e entro en la posada de moceen Beltrán. E así como llego el rey don Enrique, travo del rey don Pedro, e non lo conosçio, ca avia grand tiempo que non lo avia visto, e dicen que le dixo un caballero de los de moceen Beltran:

  • – Catad que este es vuestro enemigo

E el rey don Enrique aun dubdava si era el, e dicen que dixo el rey don Pedro:

  • – Yo so, yo so

E estonçes el rey don Enrique conosçiolo, e feriolo con una daga por la cara, e dicen que amos a dos, el rey don Pedro e el rey don Enrique, cayeron en tierra. E el rey don Enrique lo firio, estando en tierra, de otras feridas. E alli morio el rey don Pedro..[5].

Efectivamente aquella noche se apagó la estrella de don Pedro, mas parece ser que no fue tan sencillo reducirle puesto que es más corpulento y fuerte que don Enrique; y en el cuerpo a cuerpo posterior a la sorpresa inicial don Pedro consigue ponerse sobre su hermano armado con una daga decidida a terminar con la partida. En este momento Bertrand Du Guesclin aferra de las piernas al rey permitiendo que se reviertan las tornas y situar en posición de ventaja a Enrique de Trastámara. El final es conocido así como también la frase expresada por el mercenario al observar el resultado de su intervención:

Ni quito, nin pongo rey…sólo sirvo a mi señor

Su señor se convirtió en rey de Castilla, el segundo de los reyes con su nombre conocido como El de las Mercedes.

Bibliografía

  • – Aponte, Vasco de, Recuento de las Casas Antiguas del Reino de Galicia, Int. y Edi. crítica con notas, Santiago de Compostela, 1986.
  • – Barrios, Manuel, Pedro I el Cruel, el Monarca contra su Nobleza, Madrid, 2001.
  • – López de Ayala, Pero, Crónicas, Barcelona, 1985.
  • – Rodríguez González, Ángel, Pedro I de Castilla, en Boletín de la Universidad de Compostela, Nº 64, Santiago de Compostela, 1956.
  • – Sánchez, M., Baldeón, J., Martín, J.L., Pedro I el Cruel, Historia 16 Nº 190, Madrid, 1985.
  • – Baldeón Baruque, J., Los Trastamara, el Triunfo de una Dinastía Bastarda, Madrid, 2001.

[1] Pasarían a poder del príncipe inglés el señorío de Vizcaya y la población de Castro Urdiales (Cantabria)

[2] López de Ayala, Pero, Crónicas, Barcelona, 1985.

[3] Se trata de Fernán Ruiz de Castro y Ponce de León, conocido también como Fernando de Castro.

[4] Hijo del maestre de Alcántara.

[5] López de Ayala, Pero, Crónicas, Barcelona, 1985.

Sergio Balchada

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