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Contaba apenas 17 años cuando fue testigo de una guerra cruenta que vino al mundo en julio de 1936. Encarna vivía junto a sus padres y a sus dos hermanos en la pequeña aldea de Ozeka (Araba/Álava) en un caserío conocido como La Venta de Pozoportillo. En tiempos el edificio había ejercido como tal venta, erigido junto al camino Real de la Sopeña que discurre entre el burgalés valle de Losa y Artziniega y Orduña pasando por Kexaa/Quejana. Mas por aquel entonces ya no ejercía el caserío dicho oficio, dedicándose sus moradores a las habituales labores de campo para ganarse el sustento.

Encarna tuvo conocimiento del estallido de la guerra el 22 de julio mientras disfrutaba en Retes de Llanteno (Araba/Álava) en compañía de familiares de las fiestas patronales de La Magdalena; durante la cena recibieron la nueva. De regreso a casa, ya de noche, se encontraban en la zona de Luxo cuando oyeron fuertes explosiones hacia el puerto de Peña Angulo que parecieron confirmar la situación a la que deberían ir acostumbrándose.

Pasaron los días sin sobresaltos ocupados en los quehaceres que un caserío comporta y el 5 de agosto recibieron con estupor la visita de los primeros milicianos que veían desde el comienzo de la guerra.

Los primeros milicianos llegaron en agosto del 36,(…) estábamos limpiando la era para trillar; el 5 de agost, el día de Nuestra Señora de las Nieves señaladamente. Entraron por la zona de por aquí, entraron 3, vinieron 3… Jo, un miedo que pa que…luego tenían los fusiles con una.., o sea bayonetas brillantes que daba…(…) estuvieron muy simpáticos hablando con nosotros. Eran de San Salvador del Valle.[1]

Venta de Pozoportillo (Fotografía tomada de www.panoramio.com)

Venta de Pozoportillo (Fotografía tomada de http://www.panoramio.com)

Lo que siquiera podía sospechar es que muy pronto iba a convivir con los milicianos poco más de 8 meses.

No alcanza a recordar si llegaron en septiembre u octubre de ese año y se instalaron en Pozoportillo; en el monte que hay detrás del caserío cavaron una pequeña trinchera que vigilaba la sierra Salbada; allí se ubicaban las posiciones guarecidas por los requetés.

Los milicianos asignados a la custodia de la posición eran de ideología socialista y comunista; la entrevistada recuerda que se trataba de un batallón de la UGT.

Los milicianos llevaban buzos azules con el anagrama del hoz y el martillo y otros otra cosa.

De hecho algunas compañías del batallón UGT Nº 2 Prieto ocuparon posiciones en el sector al menos en diciembre del 36 y del UGT Nº 4 “Karl Marx” permanecieron en Pozoportillo durante los meses de marzo y mayo de 1937, la inmediata en Los Altos de Añes y la siguiente situada en el monte Vallobera.[2]

La familia no fue evacuada o expulsada de cualquier otra forma de su hogar, por el contrario, prosiguieron atendiendo las labores del caserío con cierta normalidad además de atender a los milicianos, pero sobretodo a los oficiales.

Mientras los milicia os pernoctaban en el camarote de la casa y en una cabaña que había en la era; los oficiales lo hacían…

…claro los jefes, el capitán y el teniente, pues tenían una habitación que tenía dos camas y ahí les teníamos que poner todos los días…hacerles la cama y cada 8 días que eso pues lavarles la ropa. (…), cuando venía el invierno que hacía frío, tenían la habitación limpia y todo…Gracias a que teníamos una vaca muy buena, que daba leche; pues había que ponerles la cena, los huevos, la leche calentita y buen fuego para que estén calentitos los dos jefes.

Instalaron las cocinas de la tropa aledaña al horno donde tradicionalmente se hornea el pan en los caseríos. Aún no acaban aquí los sobresaltos para Encarna y su familia, en la habitación que comparte con su hermana lo han convertido en un improvisado polvorín y las chicas se acostumbraron a dormir rodeadas de bombas de piña y municiones. Además los milicianos emplazaron una ametralladora junto a la entrada principal.

En la habitación del balcón tenían las cajas con las municiones y luego tenían bombas de piña que les llamaban, esas estaban por todas las ventanas, en las ventanas y por todos los sitios. Había muchas.

(…)Ahí al lado, aquí la cama y todo así lleno, lo que cabe. Tenían las cintas de la ametralladora.

Estima que rondarían la sesentena de hombres los “huéspedes” que tuvieron que albergar bajo su techo, y más o menos cada 8 días le relevaban con otros milicianos. En un caserío del barrio de, también en Ozeka, habían montado una pequeña enfermería a cargo de 2 ó 3 milicianos.

La intendencia llegaba hasta el caserío mediante reatas de mulas, los acemileros cargaban los suministros que partían desde Bilbao y se recibían en Quejana. Un informe que del sector envían al Estado Mayor incide como uno de los defectos del que adolece el puesto es precisamente el modo del que disponen para el abastecimiento.

A 2500 mts aproximadamente al Sudoeste del pueblo de Quejana con camino defectuoso, sólo transitable para acémilas, desde dicho pueblo hasta unos 650 mts de la posición.[3]

La oficialidad disponía en sus aposentos de un teléfono conectado a la posición de la ermita de Etxaurren desde Etxaurren venía aquí con un cable por todos los árboles. Se encuentra al este de Pozoportillo.

Milicianos del batallón UGT Nº 2 "Prieto" (Fotografía tomada de www.cinturondehierro.net)

Milicianos del batallón UGT Nº 2 “Prieto”
(Fotografía tomada de http://www.cinturondehierro.net)

Como se ha dicho anteriormente en un monte detrás del caserío los milicianos habían cavado unas trincheras desde las que observar los posibles movimientos de los requetés apostados en la sierra; en el citado informe se describe esta posición, denominada “Pozoportillo”, como espartana en elementos de defensa. No se trata mas que de una zanja y una pared hecha con tepes carente de alambrada y de otros elementos defensivos. El coronel Daniel de Irezabal que es quien firma el informe tras visitar cada posición del sector Arzeniega-Respaldiza añade a su vez en el dossier una serie de consejos para fortificar adecuadamente el sector.

Encarna nos cuenta cómo su hermano fue reclutado al tiempo que otros vecinos para la confección de las trincheras.

..llevar el material la gente del pueblo, de Quejana, de Ozeka, de todos estos pueblos pero había que llevarlos con carro y los bueyes. La arena o los sacos de arena, o cemento o eso. Y la primera trinchera que hicieron llevaron a mi hermano, lo cogieron para llevar el carro y hacer la señal por donde iba a ir la trinchera y después los de por aquí abaja pero obligados.

(…) era obligatorio “Ahora le toca a fulano, ahora al otro”. Y coge el carro y los bueyes y ala a llevar todo.

El testimonio deja traslucir que lo más probable es que se tuvieron en cuenta las faltas detalladas por Daniel de Irezabal y la primitiva zanja con tepes adquirió un aspecto al menos más recio.

Si el miliciano no tenía turno de guardia en la posición o delante de la puerta del caserío disponía de escasas, por no decir nulas, opciones para matar el tiempo. Algunos se dedican a sacar patatas de los labradíos para luego llevar a casa en los días de permiso para que comiese la familia; aunque en eso de comer la milicia resultó ser una experta en el forrajeo tanto en la Venta de Pozoportillo como en los caseríos de los alrededores.

perros que pillaban perros que luego los asaban allí, ovejas, yeguas…

Ante la pregunta si se llegaba a cobrar por el ganado que les iban quitando sonríe socarrona: Eso de pagar no se usaba.

Como no puede ser de otro modo el trato diario con los milicianos ha grabado en su memoria los nombres de algunos de ellos; el capitán Usía[4], o ese otro oficial guipuzcoano que desagradaba a la joven Encarna: Pero a aquel daba pánico oírle hablar como les contaba a los otros: “Hoy hemos matado a fulano, es que ya le hemos…”

Encarna continúa desgranando a la variopinta tropa miliciana:

Luego había otro que era Negrete, le llamaban Negrete. Eso de Negrete porque había uno que siempre estaba cantando. Dice: “Requetés del Kalamua que mal lo vais a pasar porque se ha corrido la noticia de que Negrete va a atacar”. (…) Me acuerdo de ese, que estaba siempre cantando que era uno que era de Gallarta o por ahí; de esas zonas de ahí de los mineros. Me acuerdo que siempre estaba con ese canto de los requetés. La canción no se me ha olvidado, aquel siempre andaba gritando: “Queremos la independencia, queremos la independencia, queremos que nos den el amor libre. (…)

… había uno que era hermano de la Pasionaria, la famosa Pasionaria. Andaba por ahí, tenía un caballo, un pañuelo rojo, era moreno. Aquel daba miedo verle por donde andaba. Vigilando de un sitio para otro.[5]

Pero del que si guarda un cariñoso recuerdo es de un miliciano navarro, un muchacho que enseguida arrimaba el hombro ayudando en muchos quehaceres a su familia:

…un navarro había que era muy majo que nos ayudaba a sayar patatas

se llamaba Leandro Echeandía y era de Olazagutia. Mira tu los años que son porque después este… estaban dos hermanos y unos primos; tenía un primo teniente, aquel era un bicho malo.

No es para menos puesto que Encarna ejerció de madrina de guerra para este muchacho cuando posteriormente se vio obligado a combatir en las filas del ejército que había combatido.

Gracias a los milicianos también tuvo la oportunidad de ver a través de unos prismáticos que disponían los milicianos, se maravillaba de poder observar Peña Angulo tan cerca: Eran largos, mirábamos y veíamos muy lejos. En ocasiones sus hermanos y ella comían del rancho que cocinaban aquellos muchachos, eso sí, el gesto tenía un precio que provoca la risa a Encarna cuando lo cuenta: que tenían unas perolas grandes y dejaban un poquitín, un poquitín siempre…”Tomad aprovechad esto”. Pero para que era, pues para que las friegues, para que les friegues las perolas. Eran listos! Y a fregarlas y a callar.

Frente a los milicianos, en las cumbres occidentales de la sierra Salvada y de Peña Angulo ocupaban posiciones el requeté de Quincoces de Yuso (Burgos) comandado por el alférez Valeriano Loma-Ossorio Riaño[6] convenientemente reforzado a lo largo de los primeros meses de contingentes de requetés burgaleses de poblaciones como Briviesca y Soncillo. Dominan las alturas y la muralla natural que representan ambas sierras propicia que deban mantener vigiladas trochas y senderos que no permiten al enemigo desplegarse en un posible ataque o traer consigo vehículos. De este modo con pequeños destacamentos en estos puntos se cubren las rutas de acceso a la sierra pudiendo dedicar más hombres a otras labores o atrincheramientos.

Bandera del Tercio de Burgos. Requeté de Losa (Fotografía tomada de www.requetés.com)

Bandera del Tercio de Burgos. Requeté de Losa (Fotografía tomada de http://www.requetés.com)

Se trata de un frente dominado por un terreno abrupto y agreste en una comarca rural por antonomasia que no cuenta con buenas comunicaciones Las tropas vascas apenas pueden cubrir con garantías un frente de difícil orografía, extenso y la existencia de múltiples veredas por las que pequeños grupos de requetés se pueden colar fácilmente; además los milicianos al ser forasteros no conocen el territorio en el que deben operar. A ello hay que sumar el recelo de la población local hacia las milicias porque lo integran forasteros con ideas en casos revolucionarias que no cuajan en el carácter conservador que normalmente se atribuye al mundo rural.

No es de extrañar pues que algunos grupos de requetés apostados en la sierra consiguieran adentrarse con éxito en territorio republicano entablando incluso combate con los milicianos cuando son descubiertos como ocurre en Lejarzo/Lexartzu el 12 de septiembre de 1936. Esa noche descienden desde la posición de Pico Aro (Sierra Salbada) el sargento Benigno Villaluenga a las órdenes de seis requetés hasta la citada población.

…llegando a aproximarse a unos treinta metros de ellos y en cuanto apreciaron su presencia el citado sargento hizo fuego matando uno, tuvo tan mala suerte que se le rompió el punzón[7] del fusil y cogió otro de los que le acompañaban logrando derribar a un segundo y desmoralizados huyeron y aprovechando aquel momento se internaron en el pueblo logrando subir a su destacamento las tres familias de derechas que había y cincuenta cabezas de ganado, al hacer la retirada tuvieron por parte de los rojos un tiroteo muy intenso[8].

Encarna Velasco también me habla de aquella jornada cuando inquirimos si tiene constancia de posibles incursiones de requetés:

Aquí en Lejarzo bajaron algunos pero no se si hubo y se oyeron bombas o algo. Y los vecinos de Lejarzo (…) estaban trillando y de allí se oía; y cogieron y se marcharon, dejaron todo y se marcharon a la peña Salbada.

Pero bueno no hubo… no fue mas que un encuentro. Pero no hubo más. (…)

…bajaban aquí donde a estos y los perseguían y se escapaban para arriba.

No le constan fallecidos entre los milicianos que pasaron parte de la guerra en su casa compartiendo el techo sólamente uno que se hirió a si mismo cuando probaba la ametralladora delante de la puerta de casa. Por fortuna fue la única sangre que vió correr durante aquellos años.

A la derecha pico Aro en la sierra Salbada

A la derecha pico Aro en la sierra Salbada

Un buen día de junio de 1937 los milicianos se fueron. Después de la caída de Bilbao el Ejército Vasco se repliega hacia Cantabria y el día 23 la zona pasa a ser ocupada por el Ejército Nacional.

En su precipitada marcha los milicianos abandonan en el caserío municiones y bombas de piña aunque no dejan atrás un cordero que criaban los aitas de Encarna.

Apenas habían transcurrido unos días recibieron la visita de los requetés:

…vino uno y pidió agua que tenía sed; y había una taza y dijo que no que el no quería beber de ahí que habían bebido los rojos, que le saquen un vaso.

Y luego a rebuscar por toda la casa, todos los cajones; a levantar todas las camas a ver que había por allí. Revolver todo. (…). Lo recogieron todo y lo llevaron.

Apenas sabe más de la guerra, lo que oye cuando visita otros pueblos el día de la fiesta mayor o en comidas familiares. Más tarde su hermano es llamado a filas en febrero de 1939; no llega a entrar en combate. A las pocas semanas de su incorporación se ve aquejado de una grave enfermedad que lo postra en una cama una buena temporada. Para cuando se recupera la guerra llega a su fin. De lo que no se libra son de 6 años de servicio militar en Melilla primero y en Vitoria después.

 

[1] Testimonio de Encarna Velasco. Entrevista realizada en su domicilio el 4/05/2012. Todas las entradas del texto en cursiva son la transcripción de las palabras de la entrevistada; de no ser así se indicará con una nota a pie de página.

[2] Archivo Nacional de Euskadi. El batallón Aralar (PNV) también estuvo destacado en Etxaurren ya en mayo-junio del 37, aunque desconocemos si también cubrieron la posición de Pozoportillo.

[3] Informe fortificacion de los Frentes. GE 16-10. Fundación Sabino Arana. El informe está firmado con fecha del 11/03/37 en Llodio.

[4] Encarna apunta que era oriundo de Erandio.

[5] Desconocemos si el hombre al que alude Encarna era realmente o no el hermano de la Pasionaria, no hemos podido encontrar nada al respecto.

[6] Diario de operaciones del Tercio de Santa Gadea. AGMA. (Nosotros lo hemos consultado en http://www.gogoansestao.eus/?page_id=2538&ckattempt=1)

[7] Pudiera referirse a la aguja percutora.

[8] Diario de operaciones del Tercio de Santa Gadea. AGMA. (Nosotros lo hemos consultado en http://www.gogoansestao.eus/?page_id=2538&ckattempt=1)

Sergio Balchada

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