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Francisco Aldama[1] contaba con 4 años cuando conoció a su padre Alfonso[2]; el primer recuerdo que guarda de él es en la cocina del caserío; un extraño, un hombre flaco, consumido y lleno de piojos; que vestía un capote militar raído al que no se atrevió siquiera a acercarse. Pero no finalizaron aquí sus vicisitudes con el nuevo orden: Tenía que presentarse al cuartel de la guardia civil de Amurrio cada 15 días o 8 días.

El periplo de su padre lejos del hogar había comenzado aquel verano de 1936 cuando una parte del ejército español se había levantado contra la República. Contaba por entonces con 35 años.

En un primer momento fue movilizado para cavar trincheras junto a familiares y muchos vecinos de la zona, y tuvo que dejar en el caserío del barrio lezamarra (Araba/Álava) de Longaray a su vástago recién nacido, a su esposa Felipa, a su cuñada y a un chaval gallego de unos 13 ó 14 años que habían acogido: de un amigo gallego que era afilador. Vivía en Orduña y tenía muchos hijos, y mi madre y mi tía pues que iban a vender peras y manzanas…y toda la fruta se vendía en Orduña. Y claro cogieron amistad con él porque le daban las tijeras de esquilar las ovejas para que las afilaría. Y claro empezaron a hablar y cosas; y el hombre les dijo que tenía mucha familia y que se le iban a morir los hijos y mi tía y mi madre le cogieron uno. (…)Emeterio se llamaba él. Emeterio Sánchez me parece que era.

Batallón San Claudio de Asturias (Fotografía del libro Crónica de la guerra en el norte. 1936-1937 de editorial Txertoa)

Batallón San Claudio de Asturias (Fotografía del libro Crónica de la guerra en el norte. 1936-1937 de editorial Txertoa)

Más adelante Alfonso fue movilizado por el gobierno de Euskadi como camillero alcanzando el grado de cabo. Sufrió los rigores del frente en Vizcaya donde resultó aparatosamente herido: Bueno, me tenía contado que ahí en Miraballes (Ugao-Miraballes, Vizcaya) que le cayó una bomba al lado y le quitó un cacho carne del culo.

Continuó combatiendo en Cantabria y finalmente cayó prisionero en Asturias en octubre del 37. En el transcurso de la retirada de territorio vasco uno de los hermanos de Alfonso decidió que para él la guerra había terminado; hastiado de todo y más con la cabeza pensando insistentemente en los suyos que se habían quedado en la ya retaguardia enemiga decidió desertar: fue por ahí por Balmaseda (Bizkaia/Vizcaya). Tiró el mosquetón, la manta, el plato y la candileja del agua y estuvo escondido en Longaray en una cueva en el monte. Aunque Francisco no puede precisar hasta cuando permaneció allí escondido su tío, cree que hasta que finalizó la guerra en el 39; aunque por las noches se acercaba sigiloso a dormir caliente a casa. Temía que lo matasen una vez se presentase para hacer vida normal pero nunca sucedió nada falleciendo con más de 90 años.

En ausencia de Alfonso la guerra también hizo acto de presencia en Longaray; el 20 de junio, Bilbao ya en poder de los sublevados, las tropas Nacionales descienden de los montes San Pedro y Txibiarte para ir ocupando las principales poblaciones del valle como Amurrio (Araba/Álava). A su paso iban requisando todo el ganado que hallaban; por supuesto Lezama de Álava no iba a ser menos, mas en casa de Alfonso recibieron una confidencia por la cual les advirtieron que ocultasen el ganado: vino un señor de Larrimbe que se llamaba Belisardo y era tratante de ganado. Y vino a casa, a Longaray, y dijo:”Mañana esconded el ganado que va a pasar la fuerza”. (…) la tía mía escondió el rebaño de ovejas en una pieza de trigo que estaba para segar, sería en julio. Y ese chaval[3] con mi madre escondieron lo menos 13 ó 14 vacas y bueyes que tenían en un espinal que no entraba ni el lobo.

Soldados nacionales descansando después de entrrar en Bilbao (Fotografía tomada de http://centros1.pntic.mec.es/ies.maria.moliner3/guerra/norte.htm)

Soldados nacionales descansando después de entrrar en Bilbao (Fotografía tomada de http://centros1.pntic.mec.es/ies.maria.moliner3/guerra/norte.htm)

Francisco desconoce el penal o los penales por los que pasó su padre, solamente mantiene grabada como a fuego la primera impresión que le causó el extraño que su madre afirmaba era su padre. Años más tarde Felipa confesó a su hijo que su marido nunca llegó a ser el mismo de antes, algo había cambiado en él. Los rigores de la guerra, la cercanía de la muerte a cada momento, la pérdida de compañeros y amigos… Siempre los nervios a flor de piel y las pesadillas…sobretodo las pesadillas.

Y la madre nos contaba después cuando vino de la cárcel, cuando vino ya que le soltaron; estaba durmiendo y dice que pegaba unos saltos como un cabrito, cuando estaban durmiendo juntos en la misma cama. Asustado. Luego la madre nos contaba las cosas que hacía..en la cama estando durmiendo igual pegaba un salto y saltaban hasta las sábanas, hasta las mantas.

Francisco se queda pensativo y da una honda calada al purito que acaba de encender hace escasos minutos… ¿Tu sabes lo que es estar todo el día pendiente del fusil? Buuff! Esa es una cosa…una cosa muy gorda majo. Esos estaban, estaban…fíjate cuando llegaron muchos hombres a casa de la guerra estaban casi trastornados. Por qué estaban todo el día enfrente de las balas y esos hombres no estaban bien. ¿Tu sabes lo que es eso de estar en el frente, al frente de las balas que te pueden venir? Eso es jodido eh!

 

 

[1] Entrevista realizada a Francisco Aldama en agosto del 2010.

[2] Francisco Aldama Ibarrola había nacido el 30/04/1936, el mayor de 7 hermanos.

[3] Se refiere a Emeterio Sánchez el mozo gallego que vivía con ellos en casa

Sergio Balchada

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