Etiquetas

, , , ,

Con la muerte Pedro I de Castilla, el 23 de marzo de 1369, a los pies del castillo de la Estrella no se zanjaron los inconvenientes para la legitimación en el trono de la dinastía instalada en el mismo a raíz de los hechos de Montiel: Los Trastámara. Juan I, hijo de Enrique II “El de las Mercedes”, sufrirá de primera mano lo que a la postre se mostrará como el último intento de los legitimistas castellanos en aposentar en el trono castellano a su candidato fruto de la pericia del noble gallego Juan Fernández de Andeyro en las lides diplomáticas.


La paz no caracterizó precisamente los reinados de Enrique II y Juan I. Mientras los petristas que habían conseguido refugiarse en Portugal continuaban porfiando en la caída del Trastámara arracimados en la figura de Fernando de Castro hasta su muerte en el año 1375; después de esta fecha los esfuerzos legitimistas se ven canalizados a través de Fernández de Andeyro, el cual abre una vía de comunicación y entendimiento entre los reinos de Portugal e Inglaterra. La pretensión ahora estriba en aupar al trono castellano a Juan de Gante, duque de Lancaster matrimoniado con Constanza, hija de Pedro I y María de Padilla. Se plantea que el duque desembarque con un ejército en tierras gallegas para reclamar su derecho al trono.
Todo comenzó en 1371, Fernando de Castro acaudilla un ejército mixto de gallegos y portugueses cabalga a lo largo de su Galicia natal enfrentándose a Pedro Ruiz Sarmiento y a don Tello, Señor de Vizcaya. La batalla definitiva tiene lugar en Porto de Bois (Palas de Rei, Lugo), lugar de especial trascendencia para el apellido Castro puesto que en ese mismo lugar el abuelo del líder petrista había perdido la vida enfrentándose al infante Felipe. Y la historia, caprichosa, se repitió; los Castro como si un maleficio pesara sobre los de su sangre, en las orillas del río Pambre sufrió tal descalabro que lo obligó a retirarse a Portugal.
A su vez Enrique II harto del apoyo del monarca luso Fernando I a los rebeldes gallegos decide atacar el reino vecino. Resultado de esta ofensiva es la firma de la conocida como Paz de Santarem (28/03/1373). La primera consecuencia es el regreso de Andeyro a Londres, los portugueses, quizás por cautela, rompen todo contacto con los ingleses y se pliegan a los dictados de castellanos y sus aliados franceses. El acuerdo recoge en una de sus cláusulas que en el plazo de 30 días los Petristas gallegos deben ser expulsados de Portugal. Algunos de los expatriados se niegan en redondo y se hacen fuertes en la plaza de Ourem; por su parte Fernando de Castro viejo, cansado y enfermo encara su nuevo exilio en Inglaterra. La muerte le hallaría en Burdeos en 1376.

Juan I de Castillo (Fotografía en http://es.wikipedia.org/wiki/Juan_I_de_Castilla)

Juan I de Castillo (Fotografía en http://es.wikipedia.org/wiki/Juan_I_de_Castilla)

Alrededor de Juan de Gante se reúnen ahora los exiliados castellanos que apenas ha contraído matrimonio con Constanza le ofrecen la posibilidad de convertirse en rey de Castilla y en este empeño es protagonista Andeyro.
Sus encuentros diplomáticos consiguen reavivar la alianza luso-inglesa en unos años en los que Castilla pasa por su mejor entendimiento con Francia u su flota auxiliaba al ejercito francés propinando una memorable derrota a la armada inglesa en La Rochelle. La Guerra de los Cien Años se internacionaliza.
Las propuestas de los exiliados acaban por seducir al duque de Lancaster, tras salvar algunos problemas iniciales desembarca frente a las murallas de A Coruña en 1386. Al amparo de sus murallas Fernán Pérez de Andrade y auxiliado por tropas francesas observa con preocupación las evoluciones del ejército invasor.
Según Froissart por mediación de Andeyro una delegación inglesa a cuya cabeza iba el conde de Cambridge desembarcaron en Lisboa para hacer efectiva la ayuda comprometida a Portugal en su contencioso con Castilla. Mas el conde se muestra contrariado delante de la pasividad del monarca portugués que se mostraba demasiado cauteloso y conciliador con Castilla y sin ánimo de llevar la iniciativa:
Nosotros no hemos venido aquí a comer ni a beber, a robar o a cazar, sino que estamos aquí para guerrear al hijo de ese bastardo que se escribió rey de Castilla, el conde de Trastámara. Sabéis que mi hermano y yo tenemos en matrimonio a las herederas legales del reino de Castilla, las hijas del rey don Pedro, que fue vuestro primo hermano. (Froissart, 1988)
Andeyro no se dio por vencido e hizo creer en la viabilidad de la empresa al de Lancaster, no obstante las componendas del diplomático no eran del agrado de un sector de la corte inglesa, sobretodo del conde de Oxford, e intentaron apartar aquellas ideas de la cabeza del duque.
El panorama cambió con el fallecimiento de Fernando I de Portugal en 1383, Juan I de Castilla casado con Beatriz, hija del difunto, quiso hacer valer su derecho al trono luso. De hecho ambos cónyuges fueron proclamados reyes de Portugal al tiempo se disputaban el codiciado trono dos candidatos: Don Juan hermano bastardo del rey fallecido y Juan o Maestre de Avís. Finalmente el maestre será coronado en Coimbra el 6 de abril de 1385 estrenándose con él la dinastía de Avís. Enseguida recibió una embajada real castellana que exigía la entrega de la corona. La respuesta obtenida no fue del agrado de los castellanos:
Y puestos ya en una elección legal, habéis de saber que vuestro rey no tiene ningún derecho al reino de Portugal, si no que el derecho es de las hijas del rey dpn Pedro que están casadas en Inglaterra, Constanza e Isabel, y de sus hijos y por ellas también sus maridos, el duque de Lancaster y el conde de Cambridge. (Froissart, 1988)
La confrontación fue inevitable.

Juan Fernández de Andeyro como embajador de Ricardo II avanza satisfactoriamente en las negociaciones de una alianza luso-inglesa contra Castilla. Su excelente trabajo propicia el desembarco de tropas inglesas citado con anterioridad; lo precedía la humillante derrota de Aljubarrota en agosto de 1385, la imagen que quedaría apar el recuerdo será la de Juan I de Castilla huyendo a uña de caballo y al canciller Pedro López de Ayala prisionero de los portugueses.
Fernán de Andrade estaba impresionado del poderoso ejército que aguardaba extramuros de A Coruña, sólo cabía una salida viable y pasaba con pactar con el Juan de Gante. De este modo el conde gallego ofreció el siguiente pacto al inglés: Si la ciudad santa de Santiago de Compostela se entregaba a sus fuerzas, A Coruña correría la misma suerte. El inglés no aceptó. Luego de años de devaneos en la corte el duque estaba dispuesto a llegar hasta las últimas consecuencias y así hizo saber a sus capitanes cuando le preguntaron por ello y de paso que hacían de los navíos que los habían traído hasta allí: Págueseles lo que se les debe y pueden ir en paz. Quiero, añadió, que sepan todos que jamás volveré a Inglaterra mientras no sea dueño del reino de Castilla: De lo contrario, moriré en la empresa. (Murguía, 1981)
El campamento inglés se estableció en los arrabales de la ciudad herculina, se reorganizaron las tropas, descansaron del viaje en barco…Y hacían frente a las esporádicas cabalgadas que partían de la ciudad. Mientras tanto el Duque mataba el tiempo disfrutando de una de sus aficiones favoritas: La cetrería. Se le podía ver con sus halcones y su mujer practicando este noble arte acompañados de una cohorte de damas y caballeros. La empresa militar se parecía mas una excursión aristocrática que una invasión de conquista.
Después de un mes partieron hacia Santiago de Compostela, a su llegada los Churruchaos les abren las puertas y anuncian la huída a Zamora del arzobispo Juan García Manrique. La guarnición francesa acantonada en la ciudad también la abandona y se dirige a Ribadeo (Lugo) donde Pierre de Villaines está concentrando a toda la milicia franca diseminada por Galicia.

Puerta de Mazarelos de la antigua muralla compostelana.

Puerta de Mazarelos de la antigua muralla compostelana.

Los duques de Lancaster son recibidos como auténticos reyes y como tales establecen su corte en la ciudad. Sin aparente ánimo de continuar sólo imparte órdenes para que pequeños destacamentos salgan de la ciudad como exploradores y para que traten de apagar pequeños núcleos de resistencia apostados cerca de la ciudad.
Juan de Gante deja a su esposa al cargo de la nueva corte y se desplaza a Oporto para reunirse con su tocayo el rey y firmar beneficiosos tratados en contra del enemigo común; en una de las cláusulas se estipula las nupcias entre Juan de Avís y Filipa, primogénita del de Lancaster. Sin perder el tiempo los esponsales se celebran en la catedral de Santiago.
Pasados los días de asueto la alianza anglo-portuguesa inicia la ofensiva destinada a doblegar Ourense y Monforte de Lemos. La ciudad de Ourense se entrega con suma docilidad y de hecho a ella traslada el duque su corte; frente a esta mansedumbre contrasta la ferocidad con la que se vale Monforte defendida por Pedro Enríquez de Castro, los ingleses reciben su primera derrota.
En 1387 apoderados de Galicia deciden avanzar hacia la ciudad de León. La prepotencia y subestimación de las fuerzas enemigas; la ineficacia militar del duque más interesado en las placeres que en la guerra; sumado al desconocimiento del territorio propiciaron el inevitable final de la aventura castellana de Juan de Gante. La peste y las sucesivas derrotas sufridas fueron minando la moral y el número de efectivos de sus huestes; la salida diplomática fue la opción más acertada y ésta llegó mediante el tratado de Bayona (1388): Los duques de Lancaster renuncian ala corona castellana y conciertan el matrimonio de su hija Catalina con Enrique, hijo de Juan I; además Juan de Gnate recibe 600.000 francos de oro en concepto de indemnización.
En Oporto reembarca rumbo a Inglaterra con más pena que gloria poniendo fin de una vez por todas a las aspiraciones de los petristas consolidando la preeminecia de la estirpe de Trastámara.

Bibliografía

– Froissart, Jean, Crónicas, Madrid, 1988.

– López de Ayala, Pero, Crónicas, Barcelona, 1991.

– Murguía, Manuel, Galicia, Barcelona, 1981.

– Russell, P. E., Juan Fernández de Andeyro en la corte de Juan de Lancaster (1371-1381), en Boletín de la Real Academia Gallega, Tomo XXIII, 1943.

Sergio Balchada

Anuncios