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Félix Padín miliciano en el Batallón CNT Nº 3 Isaac Puente es enviado a Bilbao para colaborar en la formación del batallón Durruti, el CNT Nº 5, donde comienza como sargento de la 3ª Cía. y es capturado en junio del 37 con el grado de teniente. El batallón se formó en un cuartel que la CNT disponía en el barrio de San Francisco, en las Escuelas de Las Cortes.[1]

Padín había vivido precisamente durante su vida en la calle de Las Cortes, su madre era burgalesa y su padre oriundo de O Ferrol (A Coruña) había llegado a Vizcaya para trabajar en las minas y desde niño había respirado el ambiente libertario en casa pues sus hermanos estaban afiliados a la CNT.

Durante su formación Padín se ocupó por un tiempo de enderezar a los nuevos reemplazos, faltos del entusiasmo conveniente para la causa que por el contrario desbordaba en los voluntarios; y de las funciones de orden público en el barrio en colaboración con la guardia urbana. Básicamente su trabajo consistía en apaciguar y detener a milicianos borrachos que iban alborotando por las calles empuñando pistolas o con bombas de mano al cinto.

Nosotros estábamos en el cuartel y solían venir los guardias pa que les ayudaríamos; salíamos del cuartel y a todo el que cogíamos (…), lo llevábamos a…pero borrachos, iban con pistolas y los cogíamos, les metíamos en el cuartel en un sótano que había, les teníamos allí toda la noche y a la mañana según le abríamos la puerta venga calderos de agua. Y le dejábamos marchar.[2]

Pero no todo el “trabajo” consistía en ocuparse de borrachos y alborotadores. El viejo cenetista nos cuenta con una sonrisa una anécdota que pudo acabar muy mal para él, por fortuna la cosa no pasó de una amonestación por escrito.

Cada noche mientras hacían guardia a la entrada del cuartel reparaban, no sin suspicacia, como en un cabaret situado enfrente entraban hombres elegantemente vestidos que se hacían acompañar de mujeres despampanantes .

Y un día le digo al teniente, le digo: “Cago en Dios Mouriño vamos a ver lo que hace esa gente”. O sea que los demás no comen y ahí venga a meter comida.[3]

El teniente Mouriño accede de buena gana y organizan una sección que se planta ante la puerta de cabaret.

Formamos una sección de la compañía y; tenía dos puertas, un grupo en una puerta y en otra el otro. Toco yo, sale el camarero: “Aquí no se puede entrar, aquí…esto es una cosa…” Le digo: “Aquí ahora mismo entramos nosotros, si no deja usted a empujones. Lo que no se puede hacer es lo que hacen ustedes aquí, esto es lo que no se puede hacer.”

Y entramos y los cogimos…salían todos corriendo y cogimos dos, dos del Estado Mayor. (…) Los cogimos, los metimos en un coche y los llevamos al cuartel general nuestro, a La Casilla. De allí los dejarían marchar ¿entiendes?

Y al otro día recibimos una carta del gobierno que nosotros no éramos quienes para intervenir en actos públicos por la calle. [4]

Muy pronto los nuevos reclutas decepcionaron hondamente al joven sargento; no venían realmente a combatir si no más bien parecían más interesados en la paga de 10 pesetas que en el triunfo de la revolución social.

[1] Tabernilla, Guillermo; Lezamiz, Julen. Cecilia G. De Guilarte, Reporter de la CNT. Bilbao, 2007

[2] Entrevista realizada a Félix Padín el 7/07/2011.

[3] Entrevista realizada a Félix Padín el 7/07/2011.

[4] Ibidem.

Sergio Balchada

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