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En junio de 1937 las tropas sublevadas se encuentran prácticamente a las puertas de Bilbao, la ciudad cae en sus manos el 19 de dicho mes. Desde que Mola da luz verde el 31 de marzo a la ofensiva con la que pretende dar carpetazo a la resistencia vasca el avance de sus tropas ha sido lento pero inexorable. La tenacidad de los batallones vascos se ve poco a poco resquebrajada, en su progresión las tropas comandadas por los generales rebeldes van tomando cada vez un mayor número de prisioneros; el espacio e las improvisadas cárceles que jalonan la retaguardia se ve muy pronto superado, apenas hay sitio para albergar a tanto cautivo. Para este fin, con la idea de desahogar tanto las prisiones sitas en Vitoria o Murgia (Araba/Álava) nace en campo de concentración de Miranda de Ebro (Norte de la provincia de Burgos). Dos son las características que hacen idónea a esta población para acoger el campo: Por un lado su proximidad al teatro de operaciones y por otro lado constituye un nudo importante de comunicaciones.

En un principio los prisioneros son ubicados en la plaza de toros y en la azucarera, ante la falta de espacio los propios prisioneros se encargarán de levantar su nuevo alojamiento sobre un área de 4 hectáreas[1] utilizando como material el American Circus inmovilizado en la población desde el comienzo de la campaña. Con este material levantaron unos improvisados barracones rodeados de una alambrada con garitas para los guardianes. Los barracones no guardaban las condiciones necesarias para ser considerados habitables.

El campo carecía de letrinas por lo que los prisioneros utilizaban el río Baias para las labores de higiene personal, lavadero de ropa y también como retrete. Para ello construyeron sobre las aguas una andamio provisto de tablones donde practicaron agujeros a modo de inodoro:

Al fondo del campo y encima del rio estaban los retretes a

los que llamábamos “el Ciscar”. Consistían en una plancha de tablones con unos agujeros o con unos agujeros cuadrados bastantes grandes, donde se hacian las necesidades. Todo lo sobrante de cada uno iba a parar al rio. A esta plancha se pasaba a través de una pasarela también de madera. (…)

La higiene era casi nula, no teniamos nada mas que el

“ciscar” y el rio. Todo habia que hacerlo a la intemperie en plena naturaleza, con buenas heladas y nevadas. Asi que habia que aprovechar cuando salia el sol para lavarte un poco la cara.[2]

 

Más adelante se dotó al campo de una cantina, una capilla, verdaderas letrinas y hasta un depósito de agua (Fue en 1943 y por mediación de la Cruz Roja). Erigido en un principio para albergar a 1500 personas enseguida superó con creces el número de inquilinos.

La jornada comenzaba a la amanecida con toque de corneta; gritos, carreras, zuarriagazos a cargo de los cabos de vara de los que hablaremos más adelante… Seguidamente los prisioneros forman y comienza el recuento para luego ante la bandera les obliguen a entonar cantos e himnos y saludar a la enseña con el brazo extendido y los consabidos gritos de rigor: ¡Franco! y ¡Arriba España!.

Algunos de los internos tenían ocasión de traspasar las alambradas para realizar toda serie de trabajos catalogados de interés y bien público, de este modo restauraron la iglesia de Santa María; habilitaron unos cuantos cortafuegos en los montes de la contorna y levantaron la carretera de San Juan del Monte.[3]

La vigilancia del campo estaba encomendada desde un principio a soldados y guardias civiles que delegaron algunas funciones a los denominados cabos de vara. Éstos eran escogidos entre los cautivos para realizar labores de represión y castigo, a cambio gozaban de ciertos privilegios tanto en lo que respecta al alojamiento como a la alimentación. Se distinguían del resto porque vestían unos blusones largos y acampanados e «imprimían su autoridad a golpe de rebenque», un cordel trenzado y cubierto de brea.[4]

Entre los guardianes destacó por su crueldad un sargento de la Guardia Civil apellidado Gutierrez: estábamos vencidos pero no convencidos y queria depurarnos, como ellos decian, para hacernos dignos del Caudillo. Este Guardia Civil tenia mas mando que los anteriormente mencionados, entonces le correspondía un garrote también mayor. No tenia ningún reparo en manejarlo a la hora de laformación sobre todo cuando se formaba para cantar, se solía meter entre la formación con sus esbirros para ver si cantábamos todos.[5]

 

A partir de 1941 los republicanos y desafectos al nuevo régimen político acabaron siendo minoría en detrimento de los exiliados y judíos que huían del creciente poder nazi. La providencia no les acompañaba puesto que miembros de la Gestapo les aguardaban en las instalaciones, interrogados y clasificados con sumo celo eran, los más afortunados, repatriados a sus países de origen.

Esta situación se alargó hasta 1944. El signo de la contienda mundial no es favorable para los alemanes y ante las conquistas militares de los aliados en suelo francés son numerosos los colaboracionistas y militares alemanes los que prueban a pasar los Pirineos y huir de un futuro nada halagüeño.

El campo de Miranda de Ebro fue cerrado como tal en 1947; aún así sus instalaciones fueron reaprovechadas como centro de adiestramiento de reclutas hasta que en 1954 cierra definitivamente sus puertas.

 

El anarquista Félix Padín posa donde estaba el campo. (Fotografía en http://memoriahistorica.cnt.es/los-jueces-tendran-que-oir-a-felix-padin/)

El anarquista Félix Padín posa donde estaba el campo. (Fotografía en http://memoriahistorica.cnt.es/los-jueces-tendran-que-oir-a-felix-padin/)

Fuentes

 

  • – Padín. Félix. Memorias. Edición digital, 2009.

http://www.elcorreo.com/bizkaia/sociedad/201410/01/ruta-libertad-paso-miranda-20140922193243.html

 

http://elpais.com/diario/2010/03/14/cultura/1268521204_850215.html

 

http://lasmerindadesenlamemoria.wordpress.com/2012/02/01/campo-de-concentracion-de-miranda-de-ebro-1937-1947/

 

http://servicios.laverdad.es/guiaocio/previa/reportajes/reportajes040204-1.htm

 

http://www.elcorreo.com/vizcaya/prensa/20061215/politica/quiero-olvidar-paso_20061215.html

 

http://www.elcorreo.com/alava/v/20130414/miranda/memoria-prisionero-20130414.html

 

 

[1] La zona donde se levantó se conocía como La Hoyada.

[2] Padín. Félix. Memorias. Edición digital, 2009.

[3] Padín. Félix. Memorias. Edición digital, 2009.

http://lasmerindadesenlamemoria.wordpress.com/2012/02/01/campo-de-concentracion-de-miranda-de-ebro-1937-1947/

 

[4]

http://servicios.laverdad.es/guiaocio/previa/reportajes/reportajes040204-1.htm

[5]

Sergio Balchada

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