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En la pequeña parroquia de O Viso (Redondela, Pontevedra) nos encontramos con o monte da Peneda, en su cima se erige una ermita de estilo barroco consagrada a la Virgen de las Nieves. Este monte también es conocido como Castrizan ya que alberga los restos de un poblado de época prerromana, más concretamente de la Edad del Hierro; y no escogieron mal los antiguos moradores del monte la ubicación del poblado puesto que a la ventaja defensiva que se le supone a un monte de su altura (Unos 324 metros) también cabe añadirle a la privilegiada la hermosa panorámica de la ría de Vigo y de los valles que se extienden como una alfombra a sus pies.

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Vista del monte de A Peneda desde el castillo de Soutomaior

A su frente nuestros ojos también pueden alcanzar a vislumbrar la impresionante fortaleza medieval de Soutomaior (Arcade, Pontevedra) que fue solar y cabeza de los estados de la familia más poderosa del sur de Galicia y entre cuyas paredes residió Pedro Álvarez de Soutomaior o Pedro Madruga como popularmente era, y es, conocido este belicoso noble cuyas andanzas se circunscriben a la segunda mitad del siglo XV.

Castillo de Soutomaior (Arcade, Pontevedra)

Castillo de Soutomaior (Arcade, Pontevedra)

Y es precisamente en esta época y también vinculada al señor de Soutomaior cuando el monte de A Peneda adquiere vital protagonismo. Lo hace durante los años de guerra entre los partidarios de la Beltraneja y la solución portuguesa; aquí se posiciona Pedro Madruga[1], y la isabelina y por lo tanto procastellana encabezada por el arzobispo compostelano Alonso II de Fonseca y Acevedo.

En su cima el arzobispo manda erigir una torre: …y le había levantado otra fortaleza dicha Castricán, nas barbas de Sotomayor..[2]; y la ocasión no puede ser más propicia para Alonso II porque Pedro Álvarez sufre prisión en Benavente a manos del conde de la citada villa Rodrigo Alonso Pimentel. Capturado en torno a 1477 permanecerá hasta mediados del año siguiente cautivo, se librará de la prisión debido a un intercambio de prisioneros entre castellanos y portugueses entre los cuales podría hallarse el hijo del conde de Benavente Luis Pimentel.[3]

Antes de ser capturado, el conde de Caminha, había llevado a cabo una campaña en tierras del arzobispo y de realengo muy fructífera, arrebatándoles plazas de la importancia de Pontevedra, la fortaleza de Monte do Boi o Monterreal en Bayona; Redondela entre otras. Liberado en 1478 no halló más por suyas que Sotomayor y Fornelos y Salvatierra.[4]

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Atendamos a uno de los testigos del pleito Tabera – Fonseca que conoció dicha fortaleza de Castrizán. Se trata de Pedro do Moiño, labrador de 60 años y natural de Santa María de Darabo:

…el dicho señor Patriarca fiziera facer de nuebo en el dicho lugar de Castriçan ques çerca de la fortaleza de Sotomayor, una fortaleza que tenia una torre muy alta, fecha de piedra de grano labrado muy rezia e fuerte asobradada de sus sobrados no hes acordado el testigo quantas e cubierta de teja aunquel testigo no bio el tejado, pero que lo dezian los que estaban en ella y que hera almenada e tenia su ynçinto e çerca alderredor della alto e dentro un corral e que la dicha çerca hera de piedra menuda della e della otra piedra grande, rezia e que hera ancha la dicha çerca y fuerte y que dentro tenis sus casas terreñas dentro della en el corral, las quales heran tejadas y donde se acoxian los de dentro della e que bido que estaba en ella por alcaide un Alvaro da Varzia e la bido velar e abitallar en ella, porquel testigo fue a la dicha fortaleza una bez a belar e abitallarla…[5]

Pedro Madruga recelaba de aquella fortaleza enemiga próxima a la cabeza de sus estados que apoyaba a las cabalgadas que estos hacían por sus pagos y que pretendía junto a la erigida en Pontesampaio, Vigo y Darabelo (en Cangas do Morrazo, Pontevedra) mantenerlo estrechamente vigilado y no permitirle realizar ningún alarde belicoso.

La astucia que siempre desplegó el señor de Soutomaior, tal vez infravalorada en esta ocasión por sus contrarios creyéndolo bien sujeto por esta vez, comenzó a maquinar el modo de librarse de la torre que coronaba A Peneda y en palabras de Aponte que la tenía el arçobispo levantada aun no a quarto de legua de Sotomayor… así el conde, siguiendo al cronista gallego, acudió durante varias noches a acechar la fortaleza tratando de obtener la mayor información posible que le pudiera conducir a neutralizarla:

Y tantas noches la rodeó, unas antes de çena y otras estando a çenar, y otras a la media noche, y otras antes del alba, y todo por noches muy frías, y otras muy ventosas, y otras muy lluviosas, y otras en que havía lo uno y lo otro, que una noche con agua entró con ellos.[6]

Según el relato de Vasco de Aponte una noche de lluvia el castillo fue atacado por la hueste del de Madruga capitaneada por él mismo y por su merino de Soutomaior Juan Fernández Daldao con quatroçientos hombres. Así mismo envió otro contingente de hombres a las inmediaciones de la torre de Pontesampaio para evitar que su guarnición tratase de socorrer a los suyos.

A tenor del relato el despliegue de los atacantes fue enorme, sumado al desconcierto que muy probablemente causó lo sorpresivo del golpe de mano Álvaro de Barcia que tan solo contaba con 20 hombres de armas se refugiaron en la torre del homenaje en espera de unos refuerzos que nunca llegaron. En el transcurso de la batalla y según relata un testigo del pleito Tabera-Fonseca halló la muerte Pedro Odreiro, escudero de Gregorio de Valladares.[7]

La situación para los sitiados se tornaba a cada instante más complicada, impotentes comprobaban como la hueste adversaria trajinaba en la base de la torre con estacas que iban introduciendo entre el sillarejo y les iban prendiendo fuego. El fin estaba próximo. Álvaro de Barcia sopesó las posibilidades de que pudiesen salir airosos de la ratonera en la que estaban metidos; apenas podían asomar la cabeza por encima de las almenas pues una lluvia de virotes de ballesta y balas de espingarda los obligaban a mantenerse a cubierto. La cosa pintaba sin duda negra, muy negra. Por ello el castillero del arzobispo tomó la determinación de rendirse al conde de Caminha.

Y entonçes habló Alvaro de Barçia, y dijo: “Señor conde, asegúrenos vuestra señoría de muerte e de lesión, y yo y todos los míos seremos buenos prisioneros”.[8]

Pedro Álvarez de Soutomaior aceptó la propuesta, cumplió lo prometido y no sufrieron daño alguno mientras los retuvo bajo su custodia. La torre de Castrizán acabó sus días de gloria derrocada por los suelos para que no fuese ocupada nuevamente. El arzobispo recibió la mala nueva a medio camino del lugar de los hechos, allí acudía con un contingente armado para socorrer a los suyos… y él echando lágrimas por sus ojos dijo: “Que noramala sea”.[9]

Ermita de la Virgen de las Nieves actualmente en O Castrizan

Ermita de la Virgen de las Nieves actualmente en O Castrizan

 

Fuentes

[1] Pedro Madruga ostenta por entonces el título de conde de Caminha otorgado por el monarca luso Alfonso V.

[2] Aponte, Vasco de, Recuento de las Casas Antiguas del Reino de Galicia, Int. y Edi. Crítica con notas, Santiago de Compostela, 1986.

[3] http://correctoresdesabor.blogspot.com.es/2009/08/los-secuestro-de-pedro-madruga-y.html

[4] Aponte, Vasco de, Recuento de las Casas Antiguas del Reino de Galicia, Int. y Edi. Crítica con notas, Santiago de Compostela, 1986.

[5] Rodríguez González, Ángel, Las Fortalezas de la Mitra Compostelana y los “Irmandiños”, Tomos I y II, 1984

[6] Aponte, Vasco de, Recuento de las Casas Antiguas del Reino de Galicia, Int. y Edi. Crítica con notas, Santiago de Compostela, 1986.

[7] Rodríguez González, Ángel, Las Fortalezas de la Mitra Compostelana y los “Irmandiños”, Tomos I y II, 1984

[8] Aponte, Vasco de, Recuento de las Casas Antiguas del Reino de Galicia, Int. y Edi. Crítica con notas, Santiago de Compostela, 1986.

[9] Idem

Sergio Balchada

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