Los Ancianos y la Vejez en la Edad Media Cristiana.

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La concepción que sobre la vejez tenían las gentes del medievo no fue la misma a los largo de los siglos, si no que la consideración habida sobre la vejez y los viejos va a ir cambiando. También hay que tener en cuenta las posibles diferencias específicas existentes en los numeroso reinos que jalonan el continente europeo por aquel entonces. No obstante vamos a tratar de trazar unas líneas generales de la visión que sobre los ancianos existe, cual es la calidad de su vida una vez perdida la juventud y qué cartas de la baraja le restan de cara a afrontar lo que le resta de vida.
Se puede decir que en general el hombre del medievo tiene miedo de la senectud. Y no es para menos, la paulatina pérdida de facultades física, el no poder valerse por uno mismo les puede llevar a una recta final de vida sumida en la miseria y la mendicidad. Porque a diferencia de otras etapas de la Historia, en los primeros siglos de la Edad Media la familia no se hace cargo del cuidado o mantenimiento de sus ancianos: Una boca más que alimentar que no aporta nada a la economía familiar debido a su debilidad física o a una posible enfermedad. Una persona inútil que vive de recuerdos. De este modo muchos ancianos se ven avocados a la soledad y a la pobreza.

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O Corsario. Vida e Tempos de Juan Gago de Mendoza

Fortes, Alberto
Edicións Xerais, 2005.

Juan Gago de Mendoza, o señor do Chirleu, foi un dos capitáns e armadores corsarios galegos que máis destacou durante a guerra de guerrillas que se librou no mar contra os ingleses a finais do século XVIII e principios do XIX. Posteriormente, tamén se sinalou organizando en terra a guerrilla contra os franceses, como comandante das alarmas do Morrazo, durante a Guerra da Independencia. Nacido en 1761 na Casa da Brea, na feligresía de San Tomé de Piñeiro, no camiño entre Marín e Bueu, protagonizou, xunto con seus irmáns (José Bernardo, Manuel e Antonio) e a bordo de distintas embarcacións (a basca Guerra, a pinaza Vencedora, o quechemarín Prodigioso, o falucho Triunfo, a lancha Terrible ou a emblemática goleta Peregrina Brillante) algún dos episodios máis apaixonantes do corso galego, como a caza á que foi sometido pola corbeta inglesa Kinisfin. Froito dunha investigación rigorosa e moi documenta-da, Alberto Fortes ofrece un trepidante relato, onde a presenza constante do mar e a reconstrución da biografía épica do Señor do Chirleu e dos membros da súa familia permite descubrir ao lector de hoxe a historia descoñecida do corso no sur das rías galegas

Emiliano

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Coma moitos dos seus paisanos das rías galegas Emiliano Manduca Rosales Davila decide ir a procura dun mellor futuro laboral a Pasaia (Gipuzkoa). Nado en Marín (Pontevedra) e veciño de Bueu (Pontevedra), deixa no seu lar á muller e os fillos e recala en Euskadi para traballar de fogueiro nalgún dos bous pasaitarras, vila que está a medrar considerablemente debido a industria da pesca, e máis concretamente da captura do bacallau.

Alomenos dende 1934, segundo a data dunha carta que envía a súa dona Carmen, vive e traballa en Pasaia. Maís adiante, en 1936, a familia ao fin consegue reunirse e trasladan o seu domicilio a Herrera (Altza, Donostia, Gipuzkoa).

Emiliano Rosales Davila coas estrelas de capitán durante a súa etapa no batallón Amuategui Fotografía propiedade de José Ramón Seijas.

Durante aqueles anos de efervescencia política e social Emiliano non oculta a súa militancia no Partido Comunista de España (PCE). Afiliado ao sindicato da UXT da Industria Pesqueira La Unión, acada a presidencia do mesmo en 1935. Sen dúbida Emiliano eríxese entre os seus compañeiros nun referente na loita social. Grazas a isto aparece coma apoderado para as eleccións de febreiro de 1936 do avogado comunista Miguel Amilibia Machimbarrena que se apresenta coma deputado pola provincia. Eleccións que á postre vai gañar a Fronte Popular.

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Justo

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…que después de un minucioso estudio de su actuación en la guarnición de Bilbao, a propuesta del comandante de asalto, Aizpuru, fue por mi puesto en libertad e incorporado a su puesto en la jefatura de Asalto de Bilbao (Echeverría, S. D.).

O daquela Gobernador Civil de Biskaia, o pontevedrés José Echeverría Novoa, non se fía nun primeiro intre do seu paisano Justo Rodríguez Rivas. O Tenente de Asalto de Verín (Ourense) é retido nunha cela en agarda da súa sorte. Quizáis o seu pasado no Exército de África pese como unha lousa nestes cruciais intres sobre as súas costas. Nembargantes algunhas fontes contradín ao pontevedrés e afirman o convencido republicanismo de Justo Rodríguez (Ruiz, 2019).

Tenente de Asalto Justo Rodríguez Rivas (El Liberal 30/07/1936)

O xoven verinés é un heroe de guerra. Nado en Verín en 1901, axiña en 1920 alístase no Regimiento de Infantería Isabel La Católica Nº 54 con base en A Coruña. En 1925 pasa a formar parte do Grupo de Fuerzas Regulares Indígenas de Alhucemas con cuartel en Segangán (Nador, Marruecos) onde fica ata marzal de 1928. O seu seguinte destino atópase en Bilbo no Regimiento de Infantería Garellano Nº 43 (Logo en tempos da República transformado no Batallón de Montaña Nº 4). Merecedor de diversas mencións e condecoracións, é en 1925 cando obtén a Cruz do Mérito Militar con distintivo rojo sencillo. Justo Rodriguez aínda tería tempo de gañar unha cruz ao mérito máis en 1929 (AGMS, S1, L R2225).

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La sopeña ayalesa durante la Guerra Civil.

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En octubre publicábamos el artículo “Tierra de Nadie”. En sus líneas nos trasladábamos a Tertanga (Araba) población que había quedado en ese pedazo fronterizo, casi de Far West, conocido como tierra de nadie. Sin abandonar esta premisa de la tierra de nadie nos vamos a trasladar a la sopeña ayalesa donde sus pueblos al igual que Tertanga han quedado bajo la influencia de unos y de otros. Pueblos como Agiñaga, Madaria, Salmantón, Añes o Lexartzu a la sombra de la sierra Salvada donde se encaraman los requetés y muy próximos a las posiciones defendidas por las milicias republicanas, van a sufrir las idas y venidas de combatientes y en muchos casos también la ira de éstos.
El 26 de septiembre de 1936 el periódico Boletín de Campaña de los Requetés da cuenta de una incursión de requetés del valle de Losa, concretamente de Quincoces de Yuso (Burgos), sobre Agiñaga (Aiara, Araba). Un grupo de 7 requetés y un número de la Guardia Civil descienden desde el portillo de Menerdiga el día 11 de septiembre. No trasciende el motivo último de la visita de los txapelgorris al valle, posiblemente para hacerse con algunas cabezas de ganado o tal vez como desafío al enemigo. Dejar un mensaje quizás de que no temen a las milicias y que pueden dejarse ver por sus dominio con total impunidad. Vemos qué nos cuenta el periódico:

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Pedro I El Cruel. La Nobleza Contra su Rey

Barrios Manuel
Ediciones Martínez Roca, 2001

En 1369 el rey don Pedro I de Castilla moría asesinado por su hermano bastardo, Enrique de Trastámara, que lograba así usurparle el trono. Era el final de una cruenta lucha fratricida que había teñido de sangre, intrigas y traiciones todo el reinado de aquel desdichado monarca cuya memoria, a raíz de su muerte, quedaría cubierta bajo un velo de infamias.

Un acercamiento objetivo a la figura del Rey Cruel nos desvela, sin embargo, a un personaje fascinante, amigo por igual de árabes, judíos y cristianos, aficionado a la magia y capaz de entregarse a intensas y generosas pasiones, como la que vivió junto a la dulce María de Padilla.

Manuel Barrios reconstruye de forma magistral la dramática vida del rey castellano, al tiempo que reivindica la figura de un personaje que supo seducir por igual a la historia y a la leyenda.

 

Los Convidados

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El 19 de julio de 1937 los gudaris del batallón Nº 33 Lenago Il reciben la más extraña de las invitaciones. Sobretodo si se tiene en cuenta que se encuentran en el frente de guerra y ésta proviene del enemigo.
Un informe de la Sección Segunda de Información del Estado Mayor, pone en conocimiento de los jefes militares que una escuadra de gudaris del batallón Lenago Il comparte rancho con el enemigo invitados por éste a sus parapetos. Según se colige del citado informe el día de autos algunos individuos de uno y otro lado entablaron conversación de parapeto a parapeto. En el transcurso de esta charla alguno de los soldados rebeldes dijo: ¿A que no tenéis….de bajar al barranco?. Quizás quien reta a los gudaris ha olvidado que está hablando con vascos. La respuesta es bien obvia: ¿Cómo que no?. Pues mañana os esperamos a las 12:30.

Al día siguiente a la hora convenida fuerzas de los dos bandos se encuentran en el barranco. Por parte del batallón nacionalista acuden una escuadra compuesta por un cabo y cuatro milicianos, por la otra parte ejercen de anfitriones varios soldados, sin que trascienda su número. En un ambiente, suponemos, de cierta camaradería los soldados invitan a los gudaris a acercarse a sus parapetos y compartir un sabroso plato caliente. Los gudaris, como no, aceptan el convite y acompañados por los soldados traspasan los parapetos enemigos.

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De como o Arcebispo Alonso II de Fonseca Perdeu o seu Pendón.

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O século XV é unha época convulsa e sanguenta para a coñecida como Terra de Santiago. A pugna entre o arcebispado e a Casa dos Moscoso xa se delonga por demasiado tempo. De tódolos xeitos non é un caso illado nesta centuria en Galicia. As guerras privadas entre señores son cotiás.

As consecuencias da fonda crise do século XIV aínda se deixa sentir nos señoríos galegos. As rendas obtidas de xeito máis ou menos lícito non son abondo para manter á Casa polo que a nobreza bota man de opcións violentas para mitigar o problema. Cabalgadas por territorio alleo, saqueos, escaramuzas,…. O levantamento irmandiño de 1467-1469 tamén ven aportar o seu gran de area a situación na que se atopa a nobreza. Vasco de Aponte faise eco deste feito:

…por caso de la gran hermandad que havía poco que pasara, y los señores fidalgos de Galiçia estaban pobres (Aponte, 1986).

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El Centinela

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Servicio de Centinele (sic)

El servicio de seguridad de un campamento corre a cargo de los puestos de vigilancia.
Miliciano. El servicio de vijilancia (sic) lleva consigo una gran responsabilidad. Mientras los demás duermen, el centinela vela para evitar el ataque que basa su éxito en la sorpresa o para evitar que el enemigo silenciosamente rebase la posición (…). Vela con los ojos y con el oído, mas con este, que con los ojos. Atienda a todos los ruidos y procura descifrarlos, examina todas las masas que tiene ante su vista y procura reconocerlas. Esta es la habilidad del buen centinela (EAH, P.S. Bilbao, 116/12, L2).

En sus manos está depositada la salvaguarda de sus compañeros de armas. Un puesto, el de centinela, para nada popular entre los soldados y que en muchas ocasiones es instrumento de castigo de indisciplinas. Aunque existe una figura de entre los centinelas que para nada es envidiada por sus colegas: el escucha. El escucha permanece oculto por delante de los parapetos para advertir de la llegada de un posible ataque enemigo. Ángel Durana sabe muy bien como se siente uno en la absoluta soledad y con el miedo clavado en las tripas por lo que pueda pasar.

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La Caza de la Encebra en la Edad Media Peninsular

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La práctica cinegética es una expresión de distinción entre la nobleza. Un ejercicio lúdico que les permite adiestrarse en algunas de las artes que van a necesitar para la guerra: la destreza sobre una montura, el valor, la astucia y la resistencia física (Del Pino, 1996). Su puesta en práctica ofrece también para los jóvenes una eficaz herramienta para su educación.

Para reyes y nobles en general son habituales las monterías y aprovechan cualquier tipo de festejo para disfrutar de una jornada de caza. Osos, jabalís, cérvidos son el objetivo fundamental de estas monterías. El oso,dada la peligrosidad de su caza, se convierte en la pieza estrella de los cazadores.

En la península Ibérica durante la Edad Media existe una especie también muy preciada hoy en día ya extinta: a manera de yeguas cenizosas, de color de pelo de rata, un poco mohinas, que relinchaban como yeguas y corrían más que el mejor caballo y las nombran encebras ( La Relación de Chinchilla (1576) en Sánchez, 2015). A esta descripción hay que añadir que las encebras poseen marcas acebradas en las patas.
Quizás por su tamaño mayor que el del asno, por su aspecto tosco y desaliñado, y por su raya de mulo, el cebro es llamado mulo salvaje, entre otras obras, en el fuero aragonés del siglo XIII, que refiere el aprovechamiento de su carne y su cuero (Pascual, 2017).

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